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[PRENSA] A dos meses del 18-O: ¿En qué fase de la crisis nos encontramos y cuáles son los desafíos?

Publicado por EMOL

Si bien se han alcanzado acuerdos en el plano político y hay fecha para el plebiscito por una nueva Constitución, la incertidumbre social y la necesidad de esclarecer casos de derechos humanos se mantienen, según expertos.

Dos meses se cumplen desde que el viernes 18 de octubre ocurrió el denominado «estallido social» en Chile. Así, lo que inició con evasiones masivas luego del alza en la tarifa del Metro de Santiago, se multiplicó en cientos de manifestaciones a lo largo de todo el país, movilizando a millones de personas bajo diversas consignas y demandas sociales.

Aumento de pensiones, mejoras en salud y educación, salarios dignos o la reducción de la dieta parlamentaria, se tomaron el itinerario del Gobierno, el que denominó a una serie de reformas como «agenda social», presentada el 22 de octubre, a pocos días del estallido.

Así también, el Ejecutivo lanzó la denominada «agenda de seguridad», la cual ha puesto en el foco de discusiones medidas como las leyes antiencapuchados, antisaqueo o antibarricadas, así como la modernización y posterior discusión para reformar a las policías del país, las cuales han sido criticadas por el uso de fuerzas y presuntas violaciones a los derechos humanos durante las manifestaciones y detenciones.

Manifestaciones, saqueos, incendios. Estado de emergencia, cambio de gabinete, acuerdos políticos. La suspensión de diversos eventos -como la APEC o COP25-, así como consecuencias en materia económica y comercial, con una caída del octubre de -3,4%, además de las recientes renuncias del subsecretario del Interior, Rodrigo Ubilla, o del intendente de La Araucanía, Jorge Atton, son algunos de los sucesos que resumen los últimos dos meses.

En conversación con Emol, sociólogos y una cientista política abordaron la situación en la que se encuentra el país hoy en día en el ámbito político, social e incluso emocional de los ciudadanos, ya que si bien se han logrado avances en la primera arista -como el acuerdo por la nueva Constitución y el plebiscito del 26 de abril de 2020-, señalan que aún hay materias por resolver por parte del Gobierno, apuntando a las situación de los Derechos Humanos.

Participación, liderazgos y la «subjetividad colectiva»

María Luisa Méndez, socióloga y directora del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES), señala que en este momento en Chile existe un «alto interés, motivación e involucramiento de la población en este proceso», lo cual se observa en la masividad de las manifestaciones como en la participación en cabildos -mayoritariamente autoconvocados- o en la consulta ciudadana realizada por los alcaldes durante el fin de semana.

Para la socióloga, las discusiones en torno al voto obligatorio o para menores de edad, o sobre cuotas de género o pueblos originarios en el proceso constituyente -a discutirse hoy en la Sala de la Cámara- «tiene que ver con entender el lugar que nos cabe a todos, pero también que nos cabe en términos de reconocer las desigualdades históricas en las que hemos estado involucrados (…) Habla de la convicción que tiene la población respecto de corregir la desigualdad política en la que hemos estado involucrados durante todo este tiempo».

Y agrega que «eso va a cambiar la forma de hacer política muy sustantivamente», ya que además durante estos meses «se está viendo la emergencia de nuevos liderazgos, que están inscritos en experiencias por una parte de colectividades, de grupos de intereses que han experimentado la desigualdad y la entienden más profundamente, y por otro lado hay liderazgos que emergen a partir de los territorios». En este último caso destaca el rol de los alcaldes.

«En esta coyuntura ha emergido con enorme relevancia la figura de ‘un inconsciente o subjetividad radicalmente colectiva'», dice por su parte Miguel Urrutia, historiador, Dr. en Sociología Política, y académico de la U. de Chile. «A través de ella se aprecia la formación de aspiraciones muy diferentes al mero peticionismo redistributivo», agrega.

Así, explica, «ha avanzado la noción de que no es necesario afirmar que Chile es un mal país para proponer su transformación profunda», ya que «precisamente porque se alcanzó claridad respecto a que cuestiones como la pobreza o la cobertura de servicios y bienestar pueden ser encaradas seriamente por la sociedad, es que se ha puesto en tela de juicio que esos logros sean proyectables en un ‘país commodity’, es decir, donde los buenos negocios no se relacionan con la creación de valor económico, sino que descansan en la desprotección del trabajo y del medioambiente», sostiene Urrutia.

¿Sigue la incertidumbre?

«Estamos en un momento donde no sentimos ese fuerte sentimiento de incertidumbre del comienzo, porque estaba todo muy poco claro, pero todavía estamos manejando una incertidumbre que de alguna manera está un poco más encausada por lo que tenemos por delante, que es el plebiscito en abril», explica Méndez.

Además destaca que hoy «al menos tenemos algún derrotero» en cuanto a medidas, así como espacios asegurados para que la población se manifieste. «Creo que eso es muy diferente a una primera etapa donde no había tampoco una respuesta de parte de la institucionalidad, de la política», aunque reitera que es difícil que la sensación de incertidumbre se aleje.

Mientras que para Carolina Garrido, cientista política e investigadora asociada del Instituto de Investigación en Ciencias Sociales de la UDP (ICSO), el acabar con la incertidumbre o volver a la normalidad es complejo.

«Yo no creo que estemos volviendo a la normalidad, creo que ese es un error bien grande. Los movimientos sociales, las manifestaciones, en general tienen estos altos y bajos dependiendo de cómo se está dando la discusión política, la misma dinámica de la movilización social, de las organizaciones, de los que están organizados», explica.

Sin embargo, hace un reparo: «Al mismo tiempo sabemos bien poco de otra parte muy importante del movimiento que no está organizada, entonces ahí eso depende mucho del momento del año, tal vez efectivamente bajó un poco la intensidad de las manifestaciones porque la clase política está moviéndose», apuntando a ciertos proyectos que se están concretando.

Celeridad de los proyectos

Para la investigadora del ICSO, si bien el Ejecutivo ha avanzado en temas de la agenda de seguridad con mayor rapidez, el foco en el corto plazo debiese estar en la agenda social, ya que en esta última «hay cosas que sabemos que tampoco van a avanzar mucho», por lo que «la ciudadanía está con ansias esperando señales desde ese punto de vista».

Respecto al acuerdo por la nueva Constitución, Garrido señala que si bien hubo avances esta semana, este es un proceso de largo plazo, aunque recalca la importancia de la discusión actual: «Estamos en un proceso que se está moviendo, porque hoy día respecto a la nueva Constitución lo que está instalado es cómo va a estar compuesto ese órgano, qué tan representativo va a ser ese órgano constituyente», teniendo en cuenta las demandas de la gente, las ganas de participar y la desconfianza hacia la clase política.

En ese sentido, añade que «esas son señales, por supuesto que son señales. Lo que pasa es que no todas son suficientes. Para mí el acuerdo de la nueva Constitución es un gran paso, pero en ningún caso es suficiente, porque esta movilización social no era 100% por una nueva Constitución», repara la cientista política.

Respecto de los acuerdos políticos, para el sociólogo de la U. de Chile el principal problema de los sectores movilizados que esperan resultados «ha dejado de ser la calidad y alcance de esos acuerdos».

«Hay consenso social de que allí donde ha habido acuerdos (Constitución por ejemplo, y Derechos Humanos como ejemplo de lo pendiente), estos han reflejado avances o conquistas, pero lo fundamental es la articulación política de las fuerzas sociales que han alcanzado estas conquistas. Se comprende que esa nueva articulación política es la garantía de los resultados perseguidos. No es un nuevo pacto con la política ya existente, es una nueva forma de la política, con nuevos actores, nuevas prácticas y nuevas instituciones», manifiesta Urrutia.

«El camino se avizora aún muy largo, pues las cuestiones relativas a este inconsciente colectivo del pueblo chileno son materia de debates profundos anclados en nuevas fuerzas y prácticas políticas democráticas. Hay certeza transversal de que, en la medida que dichos debates sean escabullidos, la violencia política popular reaparecerá. Y lo hará con formas imprevisibles, contando con el antecedente de este 2019 que pronto se cierra», concluye.

Señales para una posible salida

Pablo Ortúzar, antropólogo social y magíster de Análisis Sistémico aplicado a la Sociedad por la U. de Chile, el principal problema que hoy enfrentamos «es que nadie desde el mundo político ha sido capaz de abordar la crisis con visión sistémica y de Estado», por lo que falta entender la total complejidad de la crisis «ofreciendo una salida que sea igualmente compleja, con distintas etapas y objetivos, ordenados a un horizonte de sentido creíble que encarne la demanda por dignidad», sostiene.

Además, explica que hoy en día la sociedad no «siente» que haya un proyecto común, mientras que antiguas promesas ya se realizaron o están desprestigiadas. En ese sentido, manifiesta que «lo que necesitamos ahora es una nueva promesa de país que sea creíble y consensuada, con una hoja de ruta a 20 años que nos interpele a todos. La crisis sólo podrá darse por terminada cuando tal cosa exista», asevera.

Méndez, en tanto, apunta a que la crisis surge, en parte, por un descontento hacia las élites políticas y económicas, y que aún «hay un problema todavía de mucha falta de sintonía» con la población, la cual de no revertirse, mantendrá el «antagonismo», por lo que «las medidas y los gestos y las decisiones políticas que se tengan que tomar tienen que estar a esa altura».

Si bien destaca el «positivo horizonte de tener el plebiscito en abril», si en paralelo no se trabaja en señales claras y evidentes sobre la agencia social y las demandas ciudadanas «de forma un poco más empática hacia la población, y si no se hace un mea culpa más sustantivo de parte del Gobierno respecto de los temas de Derechos Humanos, yo creo que marzo va a ser un mes muy complicado», advierte.

Derechos Humanos

Tal y como lo mencionan Urrutia y Méndez, para Garrido parte fundamental es una «agenda de Derechos Humanos» por parte del Gobierno como un tema central para vislumbrar luces de salida a la crisis. Si bien señala que la acusación constitucional contra el ex ministro del Interior, Andrés Chadwick, es una señal «para descomprimir un poco los ánimos (…), no tiene tanta repercusión porque no es ministro (actual)».

En ese sentido, para la cientista política, «si el Gobierno no da señales relevantes relacionadas con verdad, justicia y reparación en temas de Derechos Humanos, el movimiento social no se va a ‘normalizar’ -como le gusta decirle a la gente-, no se va a bajar la tensión», advierte.

Y así concuerda Méndez: «Tampoco podemos señalar que las cosas vayan necesariamente a estar en una situación más calmada o tranquila, yo creo que van a seguir las inestabilidades durante el próximo año».

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