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Ariel Alvestegui, sociólogo de 32 años que trabaja en la Fundación Añanuca en San Vicente de Tagua Tagua, es egresado de la primera generación del curso de Formación en Técnicas de la Democracia Deliberativa y Mediación, organizado por el Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES), en conjunto con la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile (FACSO) y el Instituto Francés (IF).
Motivado por su interés en intercambiar experiencias con un eco-museo o museo de territorio, participó en el curso en 2020 y, tras finalizar el programa, decidió postular a una pasantía internacional en 2022. Su objetivo era conocer de cerca el funcionamiento de este tipo de instituciones en Francia, en particular el Écomusée de la Forêt Méditerranéenne, cuya experiencia forma parte de la historia del programa, que está diseñado para brindar a activistas sociales y personas de comunidades herramientas teóricas y prácticas para fortalecer su capacidad de liderazgo democrático.
Las pasantías internacionales asociadas a este curso han sido posibles gracias a un esquema de financiamiento colaborativo entre el Instituto Francés y COES, que alternan anualmente la cobertura de los pasajes y la beca de mantención. Además, el proceso de selección de las personas que postulan se realiza en conjunto por representantes de las tres instituciones organizadoras: COES, el Instituto Francés y FACSO. El Instituto Francés también cumple un rol clave en el apoyo a la selección del lugar de pasantía y en el establecimiento de contactos con organizaciones francesas.
La experiencia de Ariel se suma a otras realizadas previamente por estudiantes del curso, como la de María José Pérez, quien, en 2022, realizó su pasantía en Manou Partage, y la de Víctor Labraña, quien estuvo en Fundación Droit d’Enfance, Francia en 2021.
Aquí, Alvestegui conversa sobre sus experiencias en esta instancia formativa.
¿Qué te motivó a postular a esta pasantía?
Cuando tomé el curso, ya veníamos con la idea—como equipo—de que sería interesante realizar un intercambio de experiencias con un eco-museo o museo de territorio. Este tipo de museos están muy en sintonía con lo que hace tiempo intentamos impulsar desde nuestro museo en San Vicente.
Nos llamaba la atención que, según la literatura, muchos de estos museos tienen su origen en Francia. Al finalizar el curso, supimos que existía la posibilidad de postular a una pasantía, y aunque en ese momento no lo hice, el año pasado, al enterarme de una nueva convocatoria, sentí que era el momento. Lo conversamos como equipo y decidimos que era una buena oportunidad para conocer en terreno cómo funciona una institución de este tipo en su contexto de origen.
Queríamos ver en qué se parecía o diferenciaba de lo que hacemos acá, y aprender de una institución que lleva más tiempo trabajando desde un enfoque comunitario en torno al patrimonio.
¿Cómo se relaciona esta experiencia con tu trayectoria personal y organizacional?
Desde lo profesional, fue un impulso importante para seguir aprendiendo sobre museología y educación patrimonial. Tener contacto con una institución extranjera, con más trayectoria, fue enriquecedor, sobre todo considerando que no es fácil generar vínculos con organizaciones tan lejanas.
También fue un refuerzo positivo, tanto personal como para nuestro equipo. Nos ayudó a reafirmar que vamos por buen camino, que lo que hacemos tiene sentido en un marco más amplio. Nos permitió mirar nuestro trabajo desde otra perspectiva y darnos más confianza en nuestra propuesta.
¿Cómo describirías a la institución en la que realizaste tu pasantía?
Fue en el Écomusée de la Forêt Méditerranéenne, una institución que encontré investigando desde Chile. Buscaba eco-museos en Francia que tuvieran afinidad temática con el nuestro, y este me pareció muy interesante por dos razones: estaba ubicado en un sector rural, alejado de grandes ciudades, y su foco estaba en los bosques mediterráneos, algo que compartimos desde el enfoque ecológico y climático.
Además, fueron súper receptivos desde el primer contacto. Se interesaron mucho en conocer lo que hacíamos en Chile y me dieron todas las facilidades para participar activamente durante mi estadía. Fue muy valioso poder ser observador participante en muchas de sus actividades y ver cómo integraban la educación ambiental con una mirada histórica y social del territorio.
¿Qué actividades principales realizaste durante tu estadía?
Participé en varias áreas, pero sobre todo me enfoqué en observar cómo concebían y trabajaban el patrimonio, especialmente desde una perspectiva socioambiental. Me interesó mucho ver cómo articulaban el conocimiento del bosque no como algo aislado, sino profundamente vinculado a la historia de la comunidad: incendios forestales, explotación industrial, uso medicinal de plantas, etc.
También me involucré en las actividades educativas. Pude ver cómo adaptaban sus programas según la edad y el contexto del público. Fue impresionante el nivel de detalle en sus metodologías: visitas diferenciadas, materiales pedagógicos adaptados, uso de juegos, mímica y recursos teatrales para enseñar incluso a niños de cuatro o cinco años.
Uno salía de esas visitas con una nueva forma de observar el entorno. La gente aprendía a identificar especies, huellas, relaciones ecológicas… cosas que antes pasaban desapercibidas.
¿Qué aprendizajes obtuviste sobre educación patrimonial y vinculación comunitaria?
Uno de los aprendizajes más potentes fue ver cómo adaptaban sus actividades educativas según el público. No era un enfoque único, sino muy contextualizado. Tenían una propuesta pedagógica flexible y creativa, pensada para conectar con niños, jóvenes o adultos de manera significativa.
Además, entendían el patrimonio como algo vivo, en constante diálogo con la comunidad. No se trataba solo de conservar objetos, sino de activar conversaciones y reflexiones en torno al territorio, la historia y el medioambiente.
¿Tuviste algún desafío durante la pasantía? ¿Cómo lo enfrentaste?
El primer desafío fue el idioma. Aunque tenía una base de francés, al principio costó un poco comunicarme con fluidez. Pero después de unos días logré desenvolverme mejor. También me apoyé en imágenes, videos y otros recursos para explicar lo que hacemos en Chile, y eso ayudó mucho.
Otro desafío fue encontrar la institución adecuada. No fue fácil lograr que una organización me aceptara, pero finalmente el eco-museo del Bosque Mediterráneo se mostró muy abierto. Para ellos también fue un reto, ya que era la primera vez que recibían a alguien de otro país. Fue una experiencia de aprendizaje mutuo.
Además, me integré bien con otros pasantes franceses que estaban ahí, lo que hizo la experiencia aún más enriquecedora.
¿Qué impacto esperas que tenga esta experiencia en tu trabajo y en otras organizaciones comunitarias?
Espero que esta experiencia pueda fortalecer el trabajo que hacemos a nivel territorial. Nos sirvió como fuente de inspiración y validación. Aunque nadie nos ha dicho formalmente que somos un eco-museo, nuestra intención es avanzar hacia ese modelo, tanto a nivel local como regional.
Ojalá también motive a otras organizaciones y museos a explorar formas más participativas y vivenciales de acercarse al patrimonio. Hay una diferencia importante entre el museo tradicional—donde se mira pero no se toca—y estos espacios que funcionan como centros comunitarios, donde se hacen actividades, celebraciones, encuentros, y donde la gente se apropia del espacio.
También fue interesante conocer otras figuras institucionales, como los «terceros lugares», espacios comunitarios que no son ni la casa ni el trabajo, pero donde la gente puede socializar, aprender y compartir desde intereses comunes. Eso abre una perspectiva más amplia sobre lo que puede ser un espacio cultural.
¿Qué recomendarías a quienes deseen postular a esta beca en el futuro?
Primero, elegir una institución que esté abierta al intercambio y entienda el sentido de la pasantía. También es útil tener un plan de trabajo lo más claro posible, pero a la vez estar abiertos a adaptarse a lo que vaya surgiendo.
Otra recomendación es aprovechar la instancia para conocer otras organizaciones o experiencias en el entorno, no quedarse solo con la institución principal. En mi caso, pude visitar otros eco-museos y fue súper enriquecedor ver distintos enfoques y formas de trabajo.
¿Recomendarías esta experiencia?
Sí, totalmente. Es una experiencia muy nutritiva, tanto a nivel personal como organizacional. Aprendes, compartes y generas vínculos que pueden proyectarse en el tiempo. Ojalá más personas puedan vivir algo así.
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