Entrevista a Manuel Valdivia sobre su pasantía en un ecomuseo francés en el marco del curso TDDM de COES: “La excelencia pedagógica dependía más de una gestión institucional que de un presupuesto”
Entrevista a Manuel Valdivia sobre su pasantía en un ecomuseo francés en el marco del curso TDDM de COES: “La excelencia pedagógica dependía más de una gestión institucional que de un presupuesto”

En el marco del curso de Formación en Técnicas de Democracia Deliberativa y Mediación (TDDM), cada generación tiene la oportunidad de postular a una pasantía en una institución francesa, la cual se define según los intereses y objetivos de quien postula. La persona seleccionada es responsable de contactar a la institución donde desea realizarla, mientras que COES y el Instituto Francés gestionan conjuntamente el apoyo administrativo y económico para concretarla.

En esta cuarta versión de la pasantía, Manuel Francisco Valdivia Vargas, integrante de la sexta generación y miembro de la Red Comunitaria para el Cuidado del Panul, comuna de La Florida, realizó su estancia formativa en el Écomusée de la Forêt Méditerranéenne, en Gardanne, Francia, durante el año 2025.

La experiencia de Manuel Valdivia se suma a las realizadas previamente por otras personas seleccionadas del curso: Ariel Alvestegui en 2024 en el mismo Écomusée de la Forêt Méditerranéenne; Víctor Labraña, quien en 2022 realizó su pasantía en Manou Partage; y María José Pérez, quien en 2021 estuvo en Fondation Droit d’Enfance, Francia.

Aquí, Manuel Valdivia nos cuenta sobre su experiencia.

¿Qué te motivó a postular a esta pasantía?

Manuel señala que la motivación principal surgió de una pregunta compartida con su organización: qué determina realmente la calidad de la educación ambiental. “Queríamos entender si esta pregunta iba más allá de la disponibilidad presupuestaria”, afirma. También buscaba identificar si existían “principios operacionales más profundos que pudiéramos aprender o adaptar a nuestro contexto”. La experiencia previa de Ariel Alvestegui fue un impulso decisivo. “Lo que más me llamó la atención de su experiencia fue concluir que la calidad educativa no dependía netamente de la infraestructura o los recursos financieros, sino de cómo operaban los equipos y del liderazgo colaborativo”, comenta. Esa idea lo llevó a querer comprobar, en primera persona, qué sostiene una educación ambiental de calidad. “Si la excelencia pedagógica dependía más de una gestión institucional que del presupuesto, entonces quizá nuestro camino en La Florida no es buscar más financiamiento, sino transformar cómo operamos internamente”, resume.

¿Cómo describirías la institución donde realizaste la pasantía?

Manuel describe el ecomuseo como “un ecosistema educativo integrado”. La institución combina exposiciones, parque forestal, arboretum y talleres, pero no se limita a conservar el patrimonio como un objeto estático. “El bosque no era presentado como un patrimonio congelado, sino como un territorio con el que la comunidad habita e interactúa hoy”, explica. Le llamó la atención la relevancia de la multifuncionalidad del bosque. “Allá se le da mucha importancia a cómo un mismo espacio sirve para investigación, esparcimiento, construcción de comunidad o inspiración artística”, señala. También destaca el rol del museo como punto de encuentro. “Era una entidad que permitía el diálogo permanente con la comunidad”, algo que se expresaba en reuniones horizontales, decisiones compartidas y apertura a colaboraciones que, en Chile, considera inusuales. Por ejemplo, integrar a actores vinculados a la tala regulada: “Quizás acá sería conflictivo, pero allá lo integran porque el contexto así lo permite”.

¿Qué aprendizajes obtuviste sobre el modelo y el trabajo comunitario del ecomuseo?

Uno de los principales aprendizajes fue la concepción de educación patrimonial. “El espacio no se presentaba como una mera colección, sino como un ecosistema que enfrentamos hoy y que debemos comprender en todas sus dimensiones”. En cuanto a la vinculación comunitaria, destaca que “no ocurre por buenas intenciones, sino por infraestructuras pedagógicas diseñadas y sometidas a prueba y error”. Observó metodologías adaptadas a distintos niveles educativos, capacidades cognitivas y grupos de interés, lo que permitía una oferta formativa integrada y accesible a un público amplio. Destaca la fuerza del enfoque hacia la primera infancia. “Son la comunidad del futuro”, señala. Actividades semanales de exploración en el bosque buscan formar ciudadanía ambiental desde edades tempranas. También vio cómo el ecomuseo funciona como tercer lugar. “No era solo un lugar donde se aprende, sino donde la gente se encuentra, celebra y reflexiona en torno a un territorio común”.

¿Cuáles fueron las actividades principales que realizaste durante la pasantía?

Manuel Valdivia realizó observación participante en actividades educativas para niñas, niños, adolescentes, adultos y público especializado. Documentó cómo los educadores “presentaban contenidos idénticos de manera completamente distinta según el rango etario”. Por ejemplo, la fotosíntesis se explicaba a niños con hojas reales, analogías familiares y legos para formar modelos moleculares. También participó en jornadas de prevención de incendios con Entente Valabre, un establecimiento público que trabaja en red para la preservación y la lucha contra los grandes riesgos naturales. “Ahí vi cómo se coordinaba la gestión real de riesgos con la educación ambiental”. Le llamó la atención la cercanía entre equipos de ambas instituciones, que consideró un ejemplo de cooperación interinstitucional valiosa. Uno de los elementos más significativos fue la cultura interna. “El liderazgo colaborativo no era un eslogan bonito, sino una práctica sistemática”. La directora y los jefes de proyecto promovían reuniones donde todo el equipo participaba y aportaba soluciones, evaluaciones y mejoras. Para Manuel, esto explicaba buena parte del éxito del modelo.

¿Tuviste desafíos durante la pasantía? ¿Cómo los enfrentaste?

La barrera idiomática fue el desafío más grande. “Manejaba un francés básico, pero aplicarlo a una observación participante prolongada en un contexto especializado fue difícil”. Las primeras semanas fueron especialmente agotadoras, porque debía “extraer significados muy rápido, más que una traducción literal”. Con estudio y apoyo del equipo, logró adaptarse. Otro desafío fue discernir qué aprendizajes eran transferibles al contexto chileno. “El sistema educativo francés, la cultura ambiental y el financiamiento público son muy distintos”. Identificar esos límites desde el inicio fue clave para elaborar aprendizajes útiles y aplicables en su organización.

¿Qué recomendarías a futuras personas que postulen a esta beca?

Su primera recomendación es estudiar francés. “Practiquen todo lo que se pueda. Hablen, escuchen, porque las primeras semanas son muy difíciles si no”. También invita a evitar expectativas irreales. “No hay que ir a buscar soluciones mágicas. Lo transferible son los principios, no las recetas”. Entre ellos destaca la reflexión colectiva, el diseño de infraestructuras pedagógicas y la evaluación continua de los programas. Por último, aconseja documentar todo. “Notas diarias, fotografías, videos, registros de conversaciones. La documentación constante es fundamental para aplicar aprendizajes al volver”.

Al mirar hacia atrás, Manuel Valdivia describe la pasantía como una experiencia exigente y transformadora, que no solo fortaleció su perspectiva sobre la educación ambiental, sino también la convicción sobre el trabajo comunitario que realiza en La Florida. “No estamos tan perdidos; nuestro trabajo va bien encaminado”, concluye.

Entrevista realizada por Danae Pedraza (COES), asistente TDDM.

Accede a la galería de fotos que retrata la experiencia de Manuel Valdivia: