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[PRENSA] «Un Metro para Eloísa»: El debate sobre el rol de la mujer en el espacio público que abrió la petición de la U. de Chile

Publicado en EMOL

Inicialmente la empresa estatal se negó a rebautizar la estación «Hospitales» en honor a la primera médica cirujana de Chile, argumentando que se nombran de acuerdo a los hitos urbanos que rodean el lugar. El problema, entonces, es mayor: tampoco esos hitos llevan nombres femeninos.

La Universidad de Chile hizo un ejercicio simple, que terminó siendo muy gráfico: contar el número de estaciones de Metro que tenían nombres directamente relacionados a una mujer. De las 118 estaciones, había solamente ocho. De ellas, sólo dos no eran santas de la Iglesia Católica: Elisa Correa e Inés de Suárez. Con esa cifra, la casa de estudios comenzó una fuerte campaña para pedir a Metro que la estación «Hospitales» de la Línea 3 —que se inaugurará el próximo martes— se rebautice como «Dra. Eloísa Díaz», la primera médica cirujana de Chile y América Latina, y ex alumna del plantel.

La iniciativa fue presentada a la empresa estatal en 2017 y en ese momento la respuesta fue un no rotundo: las estaciones de Metro han estado siempre asociadas a los nombres de las calles, los hitos urbanos —como plazas, barrios o parques—, o las comunas donde se emplazan. Se trata de una estrategia para «contribuir a la navegación de los pasajeros por la red». Este viernes, la empresa se abrió a considerarlo.

«A mí me encantaría que se llamara así, pero respeto la decisión soberana de una empresa como Metro, que ha establecido un criterio que se ha respetado a través del tiempo», aseguró al respecto la ministra de la Mujer y la Equidad de Género, Isabel Plá.

«Sí me parece que es muy importante nombrar algo que sea significativo para la ciudadanía que lleve su nombre, y que no sea simplemente una callecita chiquitita, sino algo importante. A lo mejor, la calle Independencia podría llamarse Eloísa Díaz», planteó en 24 Horas. «Me parece que estamos en deuda con ella».

Aunque no existen cifras oficiales, la realidad salta a la vista: el número de calles, parques, monumentos, estaciones de Metro nombrados en honor a mujeres es significativamente menor al de aquellos bautizados tras hombres. La petición de la U. de Chile abrió un debate: ¿Dónde está la mujer en los hitos urbanos?

Con nombre de hombre

En la misma red de Metro, los nombres de 40 estaciones están directamente relacionados con hombres. De ellos, 28 han sido figuras importantes para la historia de Chile. «Todo tiene nombre de hombre», dice a Emol la historiadora y autora del libro «Chilenas», María José Cumplido.

«El 70% de las cosas se llama Pablo Neruda, Bernardo O’Higgins o José Miguel Carrera. Por eso me parece importante empezar a nombrar las cosas con personajes históricos femeninos, no por el mero hecho de hacer una checklist, sino porque permite visibilizar figuras que pertenecen a la mitad de la población que no es hombre y que son importantes para la historia del país», señala.

El problema es a la vez causa y consecuencia: porque casi nada ha sido nombrado en honor a mujeres —ni calles ni parques ni barrios— es menos probable que los nuevos hitos urbanos, como las estaciones de Metro, tengan esos nombres, porque no tienen a qué hacer referencia.

«En el pasado se nombró todo con nombre de ciertos personajes de elite masculinos, y es importante diversificar. Entre todos hay que hacer esfuerzos para dar más visibilidad. Si uno se queda con que en el pasado fue así y no lo podemos cambiar, no vamos a poder avanzar ni dar cuenta del presente», expone.

Por eso, cree, cambiar el nombre de la estación es un buen primer paso. «Las estaciones siempre han cambiado sus nombres. Antes existía Pila de Ganso y ahora es San Alberto Hurtado, no me parece que sea un problema mayor. Lo importante es la idea de utilizarlas como espacio de memoria y patrimonio, al menos nominalmente», explica.

«Mientras más diverso sea, más interesante y llamativa va a ser la propuesta, y también le va a hablar a más ciudadanos y ciudadanas», concluye.

Más allá de Eloísa

Aunque se muestra «absolutamente de acuerdo» con que «la presencia de los nombres femeninos en los hitos urbanos está muy reducida», el ex subsecretario de Transportes, Carlos Melo, tiene una mirada más práctica desde el punto de vista de la funcionalidad.

«No hay que olvidarse de que Metro es una red subterránea y tener nombres relacionados con lo que ocurre en la superficie permite a la población orientarse de mejor manera. También se ha evitado nombrar estaciones en honor a una persona para que no se levanten propuestas que generen rechazo en una parte de la población», comenta a Emol.

Entrega dos ejemplos que vio en la discusión: hay quienes propusieron que la estación «Pajaritos» cambiara su nombre a «Gladys Marín», debido a que la calle Pajaritos lo hizo en el año 2005. Al ser una figura política, su nombre podría generar oposición. La otra le pareció un poco más neutral: cambiar «Universidad Católica» por «Gabriela Mistral», considerando que allí se emplaza el Centro Cultural GAM.

También menciona los costos asociados a modificar la señalética de toda la red de Metro, y el hecho de que en La Florida exista un hospital llamado Eloísa Díaz, lo que, considera, podría generar confusión. Por eso cree que sería mejor poner el nombre en la futura Línea 8, que supone que pasará más cerca del recinto hospitalario.

«Metro sigue la lógica de nombrar de acuerdo a los hitos urbanos, por eso la discusión que creo que tenemos que tener es la de renombrar los hitos. Una opción en este caso podría ser que la U. de Chile, en vez de llamar a su Hospital Clínico José Joaquín Aguirre, le cambie el nombre a Eloísa Díaz», baraja.

Sin embargo, distingue en Metro algo así como una función social. «Al final es uno de los espacios públicos más relevantes de la ciudad, el más transitado a diario por los santiaguinos. Hay una responsabilidad de ir generando formación, cultura», comenta.

Incluso genera una propuesta: «Metro podría tomar como política tener una asignación de nombres que busque hitos de manera paritaria. Ahí vuelve la gran discusión en torno a la necesidad de que el nombramiento de los hitos de la superficie también vaya considerando a las mujeres y su aporte a la historia del país».

El Metro como símbolo

El problema, para la directora de la Escuela de Sociología de la U. Diego Portales e investigadora principal del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES), María Luisa Méndez, es mucho más amplio que el nombre de una estación de Metro y la perspectiva histórica de los que llevan las demás en la red.

«Desde los estudios urbanos está bastante demostrado que el uso de la ciudad —la movilidad, la accesibilidad, el sentimiento de seguridad— está muy marcado por desigualdades de género, sobre todo en el transporte público: las mujeres tienen que definir estrategias para su seguridad y restringirse a ciertos horarios. Hay un ángulo más estructurante del uso de la ciudad, no es solo un problema de representación», explica a Emol.

«Eso nos limita mucho en el uso del espacio público en la vida cotidiana y tiende a reforzar una posición desfavorecida de la mujer, en su desenvolvimiento y bienestar», añade, y profundiza en el Metro como un símbolo que va más allá del transporte: «Es fundamental, porque es muy representativo de un lugar de pertenencia, donde todos y todas deberíamos sentirnos convocados».

Méndez explica: en Santiago, en cuanto a infraestructura urbana, Metro es la única que es utilizada de manera «relativamente igualitaria» por distintos grupos sociales: de diferentes niveles socioeconómicos, nacionalidades, géneros. «Juega un rol importante de pertenencia a la ciudad, a la vida pública y social, es un lugar reconocido transversalmente como una infraestructura que genera mayor horizontalidad entre los individuos de nuestra sociedad», dice.

«Es fundamental tomar en serio esta propuesta», enfatiza. «En una época en que estamos atendiendo seriamente las desigualdades de género, necesitamos dotar de representación a las mujeres, sobre todo en esos espacios que gozan de visibilidad pública y de ese contenido de pertenencia social».

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