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[PRENSA] Radiografía a los blocks en Chile

Publicado en La Tercera

El Minvu elaboró un análisis del estado de las más de 356 mil viviendas de este tipo que existen en el país. El informe muestra una situación preocupante: más de la mitad presenta deterioros en redes de agua, luz y techumbre.

Marianela Ramos (59) vive hace 18 años junto a su esposo y su hijo en un block en Av. José Arrieta con Av. Tobalaba, en la comuna de Peñalolén, construido hace cuatro décadas. Lo adquirió a través de un subsidio habitacional y un crédito hipotecario. El barrio lo define como “tranquilo y de buena accesibilidad”, pero debido a la antigüedad de la construcción ha tenido que realizar algunos arreglos: “Tuvimos que cambiar el medidor, porque se nos cortaba la luz”, cuenta. Marianela forma parte de un conglomerado grande en Chile. Según la estimación del Censo 2017, un millón 136 mil personas viven en este tipo de condominios sociales. Las cifras entregadas por el Ministerio de Vivienda y Urbanismo (Minvu) indican que de Arica a Magallanes hay 1.654 conjuntos habitacionales de este tipo, lo que equivale a 356.904 departamentos (ver infografía).

La mayor cantidad de viviendas de este tipo están en las regiones Metropolitana, de Valparaíso y Biobío. Entre las tres representan el 81,4% de las unidades del país (290.381 departamentos). Algunos de los conjuntos más emblemáticos de este tipo corresponden a las villas Portales, Frei y Olímpica, que ya tienen el carácter de patrimonial en Santiago.

A modo de definición, estos inmuebles son conjuntos habitacionales que, al momento de su edificación, tenían una tasación fiscal de 520 UF de ahora (alrededor de $ 14 millones) y fueron construidos por el Serviu o sus antecesores Corvi, Corhabit y Cormu. El 69,9% de estos departamentos no supera los 39 años de existencia. Y del total de inmuebles, el 35,4% obtuvo su permiso de edificación en la década de los 90, para luego experimentar una progresiva extinción, ya que se dejaron de construir hace al menos cinco años.

Para verificar sus condiciones, el Minvu realizó un análisis del estado de conservación de los bienes comunes de los blocks en las regiones mencionadas, como escaleras, pasillos, patios y cañerías. Los datos obtenidos son preocupantes: el 63,5% de esos condominios tiene algún grado de deterioro en las redes eléctricas y el 67,6% en las cañerías del agua potable.

El análisis también evidenció que solo el 29,5% de los blocks estudiados cuenta con red húmeda en caso de incendio y que el 79,8% tiene algún grado de deterioro en sus techumbres.

En cuanto a sus muros y fachadas, en el 43,6% se identificó “desgaste notable” o “alteraciones graves”. Y en el caso de aquellos que poseen terrenos (como patios interiores comunes), el 79,4% presenta algún deterioro.

Ernesto López, académico del Departamento de Urbanismo de la U. de Chile y del Centro de Estudios del Conflicto y la Cohesión Social (Coes), cuenta que a raíz del déficit de viviendas sociales registrado en la década de los 80 se generó un plan de construcción que derivó en la edificación de conjuntos “de un estándar bastante bajo”. La situación se repitió en las décadas siguientes -un ejemplo emblemático fueron los blocks emplazados por la empresa Copeva que se llovían-, con una calidad de inmuebles que no era la óptima. “Las regulaciones a los privados en ese periodo fueron bastante laxas”, añade.

Cristián Monckeberg, ministro de Vivienda y Urbanismo, explica que durante años “los condominios sociales no fueron objeto de políticas públicas”, detallando que recién en 2008 se aplicó por primera vez un plan piloto de mejoramiento.

Mejoras estructurales

Marianela Ramos, la residente del condominio de Peñalolén, cuenta que hace un año el Minvu intervino sus departamentos: “Los modernizaron: nos pusieron un revestimiento y nos cambiaron las ventanas. Quedaron con aislamiento de humedad, de frío y de bulla”.

Entre 2011 y 2018, el Minvu ha invertido $ 535 mil millones en este tipo de conjuntos, a través del programa Hogar Mejor, al cual han postulado 157.832 personas. De allí la importancia de este nuevo catastro.

“Contar con esta herramienta nos entrega una visión más amplia sobre las condiciones en las que se encuentran, cómo habitan las familias y de qué manera invertir de mejor forma recursos para su recuperación”, señala Monckeberg.

En 2018, el monto promedio que recibió cada hogar beneficiario del programa fue de casi $ 4 millones. Hoy, la cartera se encuentra desarrollando la Estrategia para la Atención de Condominios de Vivienda, programa con el que se espera llegar a focalizar más del 50% de los recursos de la iniciativa en 2021”, agrega el ministro.

Sin embargo, también desliza una crítica a algunas familias: “Hemos detectado falta de organización a la hora de postular a los subsidios del programa”.

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