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[PRENSA] ¿Qué hay detrás del fenómeno de la violencia? La sicología y sociología responden

Publicado en La Tercera

Estrés, dinámicas intergrupales, el contexto e incluso el pensamiento de que no hay nada que perder son algunos de los factores que operan en las situaciones violentas. Los resultados: en 20 días de protestas, más de 1700 civiles heridos, por un lado, y casi mil carabineros por el otro.

Las manifestaciones se hacen presente a diario desde el estallido social que inició el 18 de octubre. Con los caceroleos, los vecinos con carteles y las marchas a lo largo del país conviven episodios de violencia de todo tipo. Los datos y las escenas que los representan son contundentes: según el último reporte del INDH, se contabilizan más de 1700 personas heridas en hospitales por perdigones, balas y armas de fuego no identificadas; 219 acciones judiciales por homicidios, torturas, violencia sexual y otros.

En el otro extremo, hay registros de casi mil carabineros heridos de acuerdo al más reciente informe de la institución; dos de ellos, las funcionarias atacadas con bombas molotov en Plaza Italia a principios de esta semana. Se suma también la destrucción de la propiedad pública cifrada por la Intendencia Metropolitana en 12 mil millones de pesos y otros tantos en relación a la propiedad privada, cuyo catastro aún no es claro.

¿Qué hay tras el fenómeno de la violencia, que parece agudizarse en los últimos días? La Tercera PM habló con sicólogos y sociólogos y coinciden en algo: no hay una única respuesta.

“Tampoco la violencia es única, porque hay factores contextuales e intrapersonales. Hay condiciones que expresan la psique de las personas y cuando hay mayores niveles de estrés se evidencian distintos tipos de funcionamiento”, explica Mariarita Bertuzzi, directora de la Escuela de Psicología de la Universidad de los Andes.

Detrás de las barricadas

“Las personas que disfrutan la violencia son muy pocas y son clínicamente relevantes, pero poblacionalmente no tanto, en el sentido de que no explica lo que está pasando en ningún caso. Acá no hay gente que lo está haciendo por gusto”, comenta Héctor Carvacho, académico UC e investigador del COES. Pero sí hace una diferencia: “Hay acciones que son abiertamente delictivas, delincuentes comunes saqueando supermercados, eso no tiene nada que ver con la dinámica de la manifestación social”, aclara.

“Hay un segmento minoritario que ve la violencia como un medio de acción legítimo. Hay matices, menos dañinas, hasta algunas más extremas. Eso no explica el volumen de violencia que vivimos últimamente”, indica el sicólogo. Para dilucidar el fenómeno, Carvacho enumera tres posibles explicaciones. La primera, el fenómeno “nada que perder”. “Cuando las personas están en condiciones que perciben como extremas, precarias, dicen ‘como no tengo nada que perder, no me importa exponerme ni enfrentarme, en la medida en que ese sea el precio para expresar mi descontento. No puedo caer más bajo de lo que estaba’”, describe.

Una segunda explicación, menos estudiada. Un grupo de jóvenes marginales que “no disfruta del progreso del país”, viviendo “al borde de lo delictivo” y discriminados sistemáticamente por su origen, “llegan a estas manifestaciones, lejos de sus casas típicamente y encuentran en este lugar a otros como ellos, que les dan pertenencia. Cuando participan de una barricada, se genera compañerismo, solidaridad, una dinámica grupal que entrega confort, una sensación que no tienen en su vida cotidiana”.

La última: la violencia como consecuencia de una dinámica intergrupal en la que participan manifestantes pacíficos, que ven cómo sus manifestaciones “son reprimidas por la policía y que los discursos de las autoridades hablan de ‘los violentistas o los delincuentes’. Esas identidades comienzan a circular y a constituirse, y personas que van y participan sin ninguna intención de radicalizarse, son radicalizados por cómo escala la intergrupalidad con la intervención de la autoridad y de la policía”, propone el académico.

Pablo Carvacho, subdirector del Centro de Estudios Justicia y Sociedad de la UC, aporta otra mirada. “La sociedad chilena ha establecido una serie de fines, metas y valoraciones, que tienen que ver con el éxito económico, un país que crece, que se moderniza, pero dichos fines no se pueden alcanzar por los medios convencionales por una buena parte de la población: la educación, el trabajo, las vías sociales”, manifiesta el sociólogo.

Cuando esas metas no se pueden alcanzar, según Carvacho, se buscarían medios alternativos, y a veces también fines alternativos. “Hay ciertos grupos de rebelión que buscan hacer eso, lo que se produce también porque lo que está detrás son personas altamente frustradas, que tienen que ver con el desarrollo de identidades que se construyen no solo en base a sus semejantes, sino también a grupos diferentes. Entonces, cuando las personas ven lo que tienen y a lo que pueden acceder los otros, también se producen procesos de gratificación o de frustración”, explica el sociólogo.

“Los buenos y los malos”

¿Cómo se explican las reacciones de algunos miembros de las fuerzas policiales? Una de las perspectivas es que las diversas reacciones violentas están sujetas a las características propias de cada persona. “Los manifestantes no son todos iguales, tienen sus historias, experiencias, razones o no de estar ahí y algunos llegan metidos en un movimiento grupal. Si vamos a las Fuerzas de Orden, tienen su rol y ese marco de acción da determinados significados a su actuar. Pero también cada carabinero es una persona, y como tal, tiene cierta posibilidad de actuar o no en determinado momento, más allá de su rol”, agrega Mariarita Bertuzzi, de la U. de Los Andes. Con esto, dice la sicóloga, “no todos los manifestantes en actos de violencia podrían tirar una bomba molotov, y no todos los carabineros teniendo que controlar una marcha serían capaces de disparar a cierto nivel de las personas”.

Otra opinión tiene el sicólogo Héctor Carvacho. “Es propio de la tarea policial el desarrollar esta mentalidad de ‘los buenos, los malos’, que desde el punto de vista psicológico es súper nocivo en cómo tratamos a los otros. En este caso en particular, hay elementos únicos y contingentes: la escalada fue a una velocidad y un nivel inédito. Nunca habíamos visto tantos policías al mismo tiempo en condiciones tan extremas, que llevan no sé cuántos días acuartelados, bajo estrés, mucha presión”, dice.

Coincide Ismael Puga, sociólogo y profesor asociado de la Universidad Central: “Carabineros sigue siendo formado en la línea del enemigo interno y eso se ve reforzado cuando vemos que el Presidente dice que estamos en una guerra”. Según él, cabe también hacer una aclaración. “No corresponde hablar de violencia total. Los niveles han sido bastante moderados por parte de los manifestantes. Hay una violencia que es contra las personas -que cuesta más explicar- y otra contra la propiedad. La de las manifestaciones ha sido principalmente contra la propiedad: barricadas, bloqueos de calle. Ese tipo de destrozos en general no se producen con el objetivo de destrozar. En general, el destrozo del mobiliario público se produce para protegerse de la represión policial”, argumenta Puga.

¿Cómo quebrar la espiral?

Las consecuencias de la violencia para una persona pueden ser muy graves. “Tanto para el que la ejerce como para el que la recibe y también para el que es testigo. La violencia sistémica, la violencia severa que viven todos los que están involucrados en esto genera estragos. Esta gente llega a su casa y no puede dormir, así de simple”, dice el sicólogo Héctor Carvacho.

La fórmula para llegar al fin de estos episodios aún es poco clara. La salida, para los académicos, es una: “Esto se termina cuando se restablece una suerte de legitimidad de la acción del Estado, en sentido amplio, no solo el Gobierno. La violencia ocurre cuando la dominación de la autoridad política cae, en la medida en que se reestablezcan los canales institucionales, cuando la gente empiece a percibir que el Gobierno, el Poder Judicial, los parlamentarios, estén haciendo bien las cosas”, argumenta el sociólogo Pablo Carvacho.

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