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[PRENSA] Nuevo pacto social en Chile: ¿qué es?, ¿cómo se alcanza?, ¿frenaría la crisis?

Publicado en Emol

Tres sociólogos abordan el concepto que ha sido repetido por distintos actores esta semana como una opción para abordar las demandas ciudadanas.

Durante la última semana, Chile se ha visto envuelto en una crisis social sin un registro similar en su historia y sin una organización clara que permita plantear un petitorio concreto.

Si bien en un principio pareció ser por el alza de la tarifa del Metro en Santiago, una serie de problemáticas sociales sin resolver salieron a flote, con un denominador común: la fragilidad de las clases medias ante el aumento del costo de la vida.

En ese contexto, diversos actores de la sociedad han planteado esta semana la necesidad de alcanzar un «nuevo pacto social», el cual según muchos sería la única alternativa para salir de la actual situación que mantiene a miles de manifestantes en las calles a lo largo del país.

¿Qué significa esto? ¿Cómo se puede alcanzar en un momento de crisis? Emol conversó con tres sociólogos al respecto sobre este concepto que se ha integrado al debate.

El «nuevo pacto» desde la sociología

Cuando se habla de pacto social es una metáfora que se refiere a cierta redes de juego que abarca la dimensión política, también la dimensión de cómo se distribuye la carga en materia tributaria, de obligaciones de cada una de las partes que componemos la sociedad y cómo se garantizan los derechos de cada parte.

Ahora, ese no es un pacto que se alcanza en un cenáculo o un centro de investigación o una universidad, sino que es algo que se construye, se elabora, se compone, en las instituciones democráticas, que nacen del voto popular y se traducen en parlamentos, gobiernos, tribunales. Hay que tener cuidado con no exagerar con la metáfora (…). Tampoco los gobiernos han sido insensibles. No es que hayan sido indiferentes a las demandas, no es que el país no haya avanzado o mejorado, no es que llevemos 30 años dormidos y ahora despertamos. Lo que pasa es que la gente está exigiendo más celeridad, más rapidez, y atacar cuestiones no de un modo paliativo, con instrumentos que mitiguen, sino que redistribuyendo de otra manera el poder, la riqueza, los privilegios, los costos que tienen incluso la protesta.

Yo creo que esto es un llamado a la clase dirigente que haga cambios rápidos y de fondo porque aquí hay mucha gente que la está pasando mal. Se había dado por contado que en Chile había disciplina, paz, cohesión social. Y esa certeza se ha revelado que era mucho más frágil y ahora estalló. Entonces hoy día tenemos que plantearnos que todos vamos a tener que contribuir a esto, y eso significa para todos nosotros impuestos que vayan en beneficio de los grupos más necesitados y reducir la desigualdad.

Eugenio Tironi, sociólogo y miembro del consejo asesor Escuela de Gobierno UC.

Hay que recordar que en el caso de Chile nunca ha habido un «contrato social», a lo Rousseau, que es la idea de que un pueblo se pone de acuerdo sobre cuáles son las reglas del juego que van a regir. Las constituciones que ha tenido Chile han sido en general vistas por la elite en cuatro paredes en la historia del país, en general nunca han sido tomas de decisiones abiertas, en 1980 menos.

Se podría tener como referencia la idea histórica de que sí hubo un pacto social en Chile al final de la dictadura cuando se asume (…) que la dictadura deja una deuda social con la pobreza después de la crisis de 1982 y en adelante el Estado va a invertir fuertemente en educación, empleo y salud pública. El problema es que esa inversión no estuvo a la misma velocidad ni con la misma intensidad que la concentración de la riqueza en los sectores más adinerados.

Hay actores sociales hoy que hacen referencia al hecho de que ese sería el pacto social que se agotó, ese acuerdo de que Chile estaba bien porque había crecimiento económico (…), pero en realidad ese pago de la deuda que dejó la dictadura no es suficiente.

Entonces está esa línea de interpretación respecto de qué es lo que se pide cuando se pide un nuevo pacto social, y que no sea entre elite, académicos, políticos, económicos, sino que sea abierto a actores de la sociedad civil y no solamente a organizaciones que tienen que ver con obras sociales de tipo caridad, sino que (…) con una integración muy fuerte de gente de los sectores populares o grupos que piensan.

Por último, hay una parte de la gente que llama a un nuevo pacto social apelando a una nueva Constitución. Sabemos que el proceso que se inició en el gobierno de Bachelet por distintas razones se abortó y los juristas señalan que es muy difícil, por cómo está redactada, reemplazar la Constitución, sino que hay que convencer a la elite más conservadora de que esta Constitución ya no sirve para mantener el orden político y social (…) o buscar el mecanismo constitucional para cambiar la Constitución desde adentro.

Emmanuelle Barozet, socióloga y académica de la U. de Chile.

Un pacto social se asocia mucho a la idea de «contrato social», que presuponen acuerdos básicos sobre los cuales el orden social debería configurarse. Hubo un pacto social con la Constitución y con las reformas, ahí se representa lo que es el pacto social de la actualidad. Y entonces una transformación de ese pacto supone una reestructuración de esas bases de ordenamiento social, no en términos de orden público, de la protesta o esas cosas, sino en términos de cuál es la distribución de poder y de influencia que se producen entre los distintos actores de la sociedad.

Hay que tomar en cuenta las causas de esta crisis (…). Son múltiples, desde la salud, educación, endeudamiento, abusos, colusiones, que han minado de a poco ese pacto social que se establecía donde tenía que haber una regulación del orden social, y esas instituciones no parecieron estar a la altura de lo que ellas mismas estaban prometiendo. Yo diría que las bases de un nuevo pacto social están dadas justamente por esas causas de la crisis, que la vida cotidiana se haga más liviana para la mayoría de los ciudadanos de Chile.

Yo creo que la disociación entre los estamentos políticos representativos y la ciudadanía es muy amplia actualmente. La ciudadanía se diferenció, se complejizó, se diversificó a un nivel tal cultural, simbólica y socialmente que dejó de poder ser representada en un organismo (…). No creo que esto se reduzca a que la derecha es menos sensible que la izquierda, eso es mirar sólo el prisma político, yo creo que hay que mirarlo desde abajo. Y la disociación que se produce es entre el orden político, las formas de representación políticas, y la complejidad y diversidad que existe en la base de la sociedad.

Una de las cuestiones que hay que hacer para captar esa diversidad es establecer mesas de diálogos, sistemas de deliberación, foros comunales, en los cuales el estamento político invite y pueda conocer a estos distintos actores a conversar. (…) Lo que se trata ahora es de establecer diálogos, un poco al estilo que lo hizo Macron en Francia o acá cuando se discutió la Constitución y se hicieron cabildos. Esa es la única forma de mantener una visión más general de cuáles son las demandas particulares de cada uno de estos grupos particulares complejos (…). No significa que la política del Congreso tenga que estar descartada, al contrario, tiene que sumarse este otro mecanismo de conversación.

Aldo Mascareño, sociólogo e investigador del Centro de Estudios Públicos (CEP)

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