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[PRENSA] «Democratización del crédito»: El análisis del endeudamiento en Chile y sus efectos en el malestar social

Publicado por EMOL

En medio de las intensas protestas en el país, diversos expertos abordaron las razones sociales, económicas e históricas que explicarían por qué existen 4,6 millones de personas morosas en el país. ¿Consumo innecesario? o ¿salarios insuficientes?

«No son 30 pesos, son 30 años», se lee y escucha estos días en Chile en medio de las protestas que iniciaron el 18 de octubre. Tres décadas en que «una serie de problemas se fueron acumulando y que los distintos Gobiernos no fueron ni fuimos capaces de reconocer en toda su magnitud», según reconoció el mismo Presidente Sebastián Piñera antes de pedir «perdón por esta falta de visión». Treinta años que coinciden también con un hito en la historia financiera del país y cuyos efectos en la actualidad serían, según los expertos, uno de los detonantes del malestar social: «La democratización del crédito».

Si en los ’80 llegaron los malls a Chile, en los ’90 lo hicieron las tarjetas de crédito y, aunque existían desde antes, fue en esos años cuando se masificaron y surgió el esquema de crédito de las casas comerciales. Hoy, tres décadas después, el endeudamiento de los hogares chilenos se encuentra en su récord histórico, de acuerdo al Banco Central, y una de cada tres personas mayores de 18 años registra una deuda morosa, según un informe de la Universidad San Sebastián junto a Equifax.

Así, con una fuerza de trabajo de 9,1 millones, donde 8,5 de ellos están efectivamente ocupados según la última Encuesta Nacional de Empleo del INE, en Chile hay casi 4,6 millones de personas morosas, un número que ha ido en constante aumento con el pasar de los años y que ha ido encendiendo pequeñas alertas. «La situación de morosidad en el país es para tener cuidado», decía hace dos años el ex superintendente de Bancos e Instituciones Financieras, Eric Parrado.

Considerando que Chile hasta hace dos semanas era considerado «el oasis» de América Latina, con el PIB per cápita más alto de la región y figuraba como una de las promesas dentro de los países emergentes, Emol conversó con diferentes expertos en la materia para entender el porqué del sobreendeudamiento de los chilenos. Es por ¿irresponsabilidad?, ¿consumismo?, ¿falta de educación financiera?, ¿bajos ingresos? o ¿por el «abuso» del sistema como se lee en algunas consignas por estos días?.

El sedimento imperceptible

Desde los ’90 a la fecha, el PIB total de Chile se ha casi multiplicado por 10. El hecho de ser una de las economías más abiertas del mundo ha permitido también a la población acceder a una serie de productos que generaciones anteriores no vieron y, además, ha contribuido con el mejoramiento de tecnologías y servicios. «La sensación, a primera vista, sería que todo ha ido mejorando (para todos) de la mano con la economía», dice Alejandro Marambio, doctor en Sociología y académico de la Universidad Católica del Maule.

«Cuando empezamos a vivir esto que se ‘marketeó’ como la ‘democratización del consumo’ por parte de las casas comerciales que empezaron a ofrecer créditos, lo que pasó fue que se le empezaron a dar préstamos a personas a las que nunca antes se les había dado, como familias de bajos ingresos, dueñas de casas, jubilados y estudiantes», cuenta a Emol el experto en temas de endeudamiento familiar.

«El crédito se presentó desde sus inicios como una posibilidad más que cierta para un montón de gente, sobre todo un montón de gente pobre y un montón de gente no tan pobre, para optar a una vida digna y, además, darse algunos lujos», dice.

En su análisis, Marambio expone que «el problema es que el endeudamiento -de corto plazo- ha sido presentado tanto por el mercado como por las autoridades como algo que tiene su lado bueno, de hecho está este concepto del ‘endeudamiento saludable’ que hace un par de décadas era impensado, porque tener deudas era mal visto. Entonces, de una u otra forma, el sistema nos ha enseñado que endeudarse es un ‘mal necesario’ para vivir la vida que se nos exige vivir».

«El sinsentido», según Marambio, es que mientras las cifras iban mostrando que el PIB per cápita en Chile crecía a niveles elogiables, por debajo se sedimentaba el «problema de los promedios», donde si bien el sueldo mínimo subía, no lo hacía -ni lo hace- lo suficiente como para costear una vida «con precios de país europeo».

Así, para él, aunque el sueldo mínimo esté en $301 mil mensuales, la vida se ha encarecido más que lo que ha aumentado el salario de las personas. «Y como el sistema no se ha hecho cargo de esos bajos ingresos, ya está en el chip de la gente que vivir endeudado es algo ‘normal’, pero ahí caemos en un problema aún más difícil de percibir: que todas las oportunidades que se venden gracias al crédito, tapan de mala manera las vulnerabilidades que precisamente están detrás de él».

«Entonces si tú me preguntas si el endeudamiento de la gente está detrás de este malestar social que estamos viendo, te respondo que de todas maneras es uno de los detonantes».

¿»Consumo innecesario»?

En 2018, según las cifras del INE, el ingreso laboral promedio mensual fue de $573.640. Sin embargo, la mediana se ubicó en los $400 mil. Es decir, la mitad de los trabajadores del país percibió salarios iguales o menores a ese último monto.

Paralelamente, y más allá del aumento en relación a los créditos hipotecarios -que se encuentran en tasas históricamente bajas y que son considerados ‘inversiones’ para las familias-, es el retail financiero el sector con el mayor número de morosos en todo el sistema de préstamos (40% de total).

Mario Espinosa, abogado y gerente general de Defensa Deudores, un estudio especializado que existe desde el año 2000 y trabaja con 25 mil clientes al año, expone a Emol lo que le toca ver todos los días: «Las personas, con lo que ganan, no llegan a fin de mes».

– Existe esta idea de que hay cierta «irresponsabilidad» al momento de comprar, de que las personas incurren en «compras innecesarias» pese a que tienen otras necesidades más vitales que cubrir con su dinero. ¿Cómo lo ve usted?

«El endeudamiento de las personas de bajos ingresos no es para irse de vacaciones, no es para renovar el auto, no es para bienes superfluos o darse algún lujo. No. Es todo lo contrario a esta idea generalizada de la gente. Es para llegar a fin de mes, para cubrir gastos básicos, para comprar la mercadería en el supermercado, para comprar remedios, para ayudar a un familiar, o sea no es un endeudamiento para darse lujos».

«No es casualidad que el mayor porcentaje de endeudamiento moroso en Chile sea derivada de las tarjetas del retail y eso es indicador de mercadería, medicamentos, de avances en efectivo para llegar a fin de mes… y hay que considerar siempre que el perfil de clientes de las tarjetas del retail versus los de la banca tienen un perfil de ingresos más bajos».

Ante la misma pregunta, el senador Felipe Harboe (PPD), quien se ha caracterizado por impulsar una serie de proyectos relacionados con la protección de los deudores, responde que le parece una afirmación «aventurada» e «incorrecta».

«Cuando una persona compra un plasma y es una persona de escasos recursos, la gente rica muchas veces dice ‘ah mira yo fui a la casa de esta persona que era muy humilde y tenía un plasma enorme, es el colmo’. No, no es el colmo, porque esa gente la única posibilidad de distracción que tiene es la televisión, porque afuera hay delincuencia y drogadicción (…). Lo que puede parecer suntuario para la gente más acomodada, pasa a ser un elemento más esencial para la gente más pobre».

«En segundo lugar, esa afirmación no me parece correcta, porque cuando uno ve cómo ha ido evolucionando la deuda uno ve tres elementos que son decidores: el primero, es que aumenta la deuda en los adultos mayores, el que probablemente se endeuda para comprar medicamentos porque la pensión no le da; en segundo lugar, aumenta la deuda en mujeres, y las mujeres son mucho más responsables financieramente que los hombres; en tercer lugar, cuando uno ve el tipo de compra en que se está usando el crédito, ha aumentado considerablemente la compra de comida».

Así, recalca, «hay que entender, aunque cueste, que ha quedado más bien en el pasado el que la gente use créditos de consumo para un bien suntuario. Hoy día, lamentablemente, producto del encarecimiento del costo de vida, particularmente en Santiago, la gente está utilizando las tarjetas de casa comercial para comprar en el supermercado, o sea su comida… y eso es un problema».

El ofertón de créditos de consumo

El próximo lunes, el Banco Central publicará su Informe de Estabilidad Financiera del segundo semestre de 2019. En él, el instituto emisor hará un completo análisis del endeudamiento de los chilenos y su evolución durante el año. En el informe del primer semestre la advertencia se centraba, en parte, en el incremento de la deuda de consumo y las asimetrías de información en dicho mercado.

¿El problema? Ante la ausencia de un sistema consolidado de deuda, «con distintos niveles de intensidad, todos los oferentes tienen una visión parcial del endeudamiento total de sus clientes (…) lo que genera distorsiones importantes en el mercado del crédito». Es más, algunas personas mantienen deudas hasta de seis veces su ingreso si se considera el total de los préstamos que ha contratado.

El economista y gerente general de Gémines, Tomás Izquierdo, considera que la alta oferta de este tipo de créditos es uno de los factores que «ha contribuido mucho al sobreendeudamiento».

«Creo que hay una irresponsabilidad por el lado de la oferta de créditos, porque ellos saben que un porcentaje no les va a pagar, pero aún así sigue siendo rentable para ellos porque la tasa que cobran es de usura. Entonces mientras el resto le pague, con una tasa de usura, sigue siendo un negocio rentable», expone.

«Esto debiese estar mucho más regulado y por eso que tener una base de datos consolidada donde todos los créditos que tenga el hogar aparezcan, me parece clave. Tú no puedes darle un crédito a una persona sobreendeudada, porque eso es efectivamente agrandar el problema».

¿Hay una solución?

«El problema es profundo», coinciden los expertos, sin embargo, -y más allá de la creación de un registro de deuda consolidada-, todos mencionan al menos tres factores que, en su conjunto, podrían reducir el endeudamiento de los chilenos: mejores salarios, educación financiera y mayores garantías estatales.

«En Chile, el sueldo mediano que está bordeando los $400 mil es muy cercano al nivel de la pobreza, entonces el problema en sí no es el endeudamiento, el endeudamiento es una consecuencia de sueldos muy bajos en comparación con el aumento de los precios del consumo en general en todos los ámbitos de la vida», afirma Emmanuelle Barozet, doctora en Sociología del École des Hautes Études en Sciences Sociales de Paris.

Para ella, la propuesta del Gobierno de aumentar a $350 mil el sueldo mínimo no es suficiente si no se alteran los sistemas de financiamiento de salud y de educación en el país. «Un aumento como ese o como el del 20% de la pensión mínima va a ser un paliativo, pero la gente no podrá acceder a una mejor salud ni mandar a sus hijos a un mejor colegio».

Muy similar es la visión de Marambio, quien recalca que «todo pasa por un tema de bajos ingresos y una casi inexistente red de protección social». «Que en Chile exista tal cantidad de endeudamiento constante es producto de que el modelo socioeconómico chileno no funciona bien. Incluso en otros países, más o menos neoliberales, el tema del endeudamiento nunca llega a ser tanto como el nivel de Chile. Hay bajos ingresos, prestaciones que el Estado no da y que tenemos que financiar por nuestros propios medios. Hay que repensar el modelo neoliberal chileno».

Espinosa, el abogado de Defensa Deudores, considera que el modelo así como está «no es sostenible», pero hace hincapié en que sólo un cambio de sistema no va a solucionar el problema si es que no se hace de la mano con educación financiera para las personas y una regulación profunda para quiénes están prestando y quiénes están pidiendo.

Desde una mirada económica, Izquierdo es enfático: «Si la gente ganara el doble, se endeudaría más del doble, aquí hay un problema y es que la gente gasta más que lo que gana si no tiene educación financiera. El que los sueldos ‘no den’ es al final un problema de educación financiera también, porque si tú contratas un crédito de consumo para suplir una brecha entre tu ingreso corriente y tu gasto corriente, lo único que estás logrando es empobrecerte más».

Por último, para el senador Harboe, «lo que tenemos que hacer es instalar un Estado de bienestar. Chile necesita tener y garantizarle a su gente salud, educación y pensiones. Con la garantía de esas tres cosas de manera pública, gratuita y de calidad, mi percepción es que los niveles de endeudamiento caerían considerablemente y la gente va a vivir más tranquila».

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