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[PRENSA] Antoine Maillet sobre las movilizaciones en Francia: «Mientras tenga este nivel de apoyo, el movimiento es fuerte y todavía puede crecer más»

Publicado en UChile

En la antesala del cuarto sábado de movilizaciones, el gobierno de Emmanuel Macron anunció este martes el congelamiento de los precios de la luz y el gas, suspendiendo además el alza de impuestos a los combustibles, la chispa que activó un conflicto de mayor escala que se extiende por el territorio de la Francia profunda. Respecto a estos hechos conversamos con Antoine Maillet, académico del Instituto de Asuntos públicos (INAP) de la U. de Chile, quien analizó el conflicto y proyectó que para lograr soluciones, es fundamental que el movimiento establezca metas concretas que le hagan sentido a la opinión pública, que hasta ahora, apoya sus demandas.

El movimiento de los chalecos amarillos se extiende por todo el territorio francés, con mayor fuerza en ciudades pequeñas y medianas, de carácteristicas periurbanas, donde el automóvil es una herramienta de trabajo irreemplazable- y para muchos- un elemento de supervivencia. El detonante del conflicto fue el alza al precio del gasoil, el combustible más barato en Francia, como parte de una política de trancisión impulsada por el gobierno de Emmanuel Macron hacia un modelo de producción más ecológico, conflicto que se sitúa en una fractura política e ideológica en la lucha contra el cambio climático, y de una fractura territorial entre grandes y pequeñas ciudades.

El hartazgo se expresó impredeciblemente, con miles de personas protestando en rotondas, carreteras y autopistas en todo el país, en un movimiento carente de una estructura tradicional- sin lideres reconocibles, ni jerárquica clara-, y con el apoyo del 72 por ciento de los franceses, según el último sondeo de Harris Interactive.

Frente a un conflicto de tal escala, previo al cuarto sábado de movilización, y después de los primeros anuncios concretos del gobierno de Francia, conversamos con Antoine Maillet, doctor en ciencia política y académico del Instituto de Asuntos Públicos (INAP) de la U. de Chile, para analizar el movimiento y proyectar las posibles soluciones políticas a las demandas ciudadanas.

-Más allá del alza al precio del combustible ¿Se podría hablar de lo sucedido en Francia en relación a una crisis social de mayor escala?

La chispa es el alza del diésel, pero es una sumatoria de muchos sentimientos de malestar que se van acumulando desde hace largo tiempo en Francia, particularmente en las zonas periféricas. En estas zonas entre ciudad y campo, muchas ciudades medianas, de 20 mil o 30 mil habitantes, han sido las más golpeadas por el cambio en el modelo de producción en Francia, lo cual ha generado el cierre de muchas fábricas y mucha pérdida de empleo. Eso es parte de lo que alimenta esta manifestación, un malestar más profundo, pero el golpe fuerte se da con esta alza al combustible en espacios donde no hay otras alternativas de movilidad que no sea el automóvil individual.

Hay que situar a esta alza de los combustibles en una propuesta de un primer paso de transición hacia un modelo de producción más ecológico, lo que abre la discusión de por qué las clases medias bajas o populares tendrían que pagar eso al mismo tiempo que se rebajaron los impuestos a los más ricos, al inicio del gobierno de Macron.

-¿Cómo opera este movimiento?

Además de los tres sábados de movilización, han ocurrido bloqueos en distintos puntos estratégicos como en lugares de abastecimientos de combustibles o centrales de compra del retail, entre otras, frente a lo cual han existido voces más pesimistas o catastrofistas que dicen que, más allá de los destrozos, la economía está siendo bastante afectada.

-Este movimiento no ha mostrado tener una estructura clara, ni tampoco líderes, ¿cómo se puede negociar con un grupo de estas características?

El movimiento no tiene un interlocutor claro. No sólo es que el movimiento no tiene líder, sino que no quiere tener. Ha habido algunos que se han intentado autoproclamar líderes desde las bases, y han sido incluso en algunos casos amenazados vía redes sociales cuando se anunció que se iban a reunir con el Primer Ministro. No hay líder que aparezca y en ese sentido, las fuerzas políticas tradicionales han sido bien cautelosas de no aparecer retomando sus liderazgos en este escenario.

-¿Cuáles son las proyecciones que se pueden hacer en relación al movimiento y las instancias de negociación con el gobierno?

Pasa que no hay mucho que negociar. Es interesante observar las propuestas de las diferentes fuerzas políticas, donde sí hay voces bien minoritarias que llaman a que el presidente renuncie, lo que no va a suceder. Algunos lo llaman a disolver la parlamento, que es una opción que Macron tiene como presidente de Francia, pero no creo que pase por ahí, puesto que él tiene una ventaja muy grande en el parlamento, que consiguió en la elección parlamentaria que siguió a la elección presidencial, por lo que no va a poner en riesgo esta mayoría, debido a que aún tiene gobernabilidad. Sí, se debe tener en cuenta que su popularidad va a la baja mientras que el apoyo al movimiento va en alza cada semana.

-¿Es viable que Macron modifique el rumbo de su política?

Macron fue electo presidente justamente en una plataforma de relación directa, sin intermediarios, con el electorado. No tiene partidos, tiene un grupo que lo apoya pero no tiene un partido desde el sentido tradicional, lo que tampoco ha tratado de activar desde la presidencia. Pasa que Macron está convencido de su política, la lleva desde el primer día que está en la presidencia, por lo que se siente con cierta legitimidad para seguir. No es parte de sus preferencias aplicar lo que el movimiento en toda su diversidad está pidiendo, entonces es difícil que él haga este salto, puesto que él ya insistió que no iba a cambiar el rumbo de su política.

-¿Es posible lograr soluciones o acuerdos a mediano plazo?

La solución pasa por lograr trazar algunas metas que le hagan sentido a la opinión pública. Mientras tenga este nivel de apoyo, el movimiento es fuerte y todavía puede crecer más, y la verdad es que hay cierta incertidumbre, no en el sentido de que se transforme en una revolución o ni siquiera en una insurrección, pero sí pareciera que este movimiento tiene la capacidad de mantenerse algunas semanas más, con riesgos también, porque ya lleva cuatro muertes, en accidentes de tránsito, ocurridos en los puntos de bloqueo.

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