En abril, el Ministerio de Ciencia anunció la suspensión de seis programas de becas para cursar estudios de postgrado en el extranjero (en adelante, Becas Chile) con motivo de la necesidad de financiar la respuesta a la pandemia generada por el Covid-19 (1). Estas becas incluyen diferentes modalidades para cursar magíster, subespecialidades médicas y postdoctorados en el extranjero, sin afectar el programa para financiar estudios de doctorado. Frente a esta controversial medida, diferentes actores han manifestado su rechazo, principalmente a través de columnas de (2,3). En esta columna postulamos que buena parte de los argumentos en contra de esta medida son incorrectos. A su vez, argumentamos que, en lugar de una reposición acrítica de esta iniciativa, es necesario repensar la política científica para Chile. Nuestro propósito es mostrar que si bien el fondo del argumento de las críticas contra el recorte en Becas Chile, relativo a la relevancia de la ciencia para el desarrollo nacional, es razonable, este programa no necesariamente responde a tal objetivo.
No todos los programas de magíster en el extranjero están directamente enfocados a la producción de conocimiento científico y, en efecto, es posible cursar un programa de magíster en universidades altamente prestigiosas sin hacer investigación.
INVERSIÓN EN CIENCIA: ACLARANDO CONCEPTOS
Se ha argumentado que, en el contexto actual, marcado por problemas como la pandemia o la calidad de la educación, se requiere más inversión en ciencias en lugar de recortes a programas como Becas Chile. Si bien estamos de acuerdo con la relevancia de la inversión en conocimiento científico, el que probablemente será útil para combatir la pandemia, esto no es equivalente a la necesidad de financiamiento de programas de magíster en el extranjero, al menos en la forma en que actualmente se hace a través de Becas Chile. El argumento de que toda forma de conocimiento podría ser útil para el combate de la pandemia es falaz y autocomplaciente. Por un lado, los programas de postgrado tienden a ser programas de especialización y, por lo tanto, hay programas más relevantes que otros para formar capital humano avanzado que pueda colaborar con situaciones como la pandemia (ya sea directamente, como en el caso de epidemiólogos o de las ciencias de la salud; o indirectamente, como en el caso de psicólogos o ingenieros). Por otro lado, es necesario distinguir entre la inversión de capital humano avanzado de la inversión en ciencia. No todos los programas de magíster en el extranjero están directamente enfocados a la producción de conocimiento científico y, en efecto, es posible cursar un programa de magíster en universidades altamente prestigiosas sin hacer investigación. Y, finalmente, cabe destacar que los concursos de doctorado internacional, que por definición se orientan a la producción de conocimiento científico, no fueron suspendidos y sus resultados fueron dados a conocer este 27 de julio (4). No todos los caminos conducen a Roma.
Estos argumentos no implican necesariamente que deban eliminarse todos los programas que financien estudios en el extranjero. Más bien, estas reflexiones constituyen un llamado a perfeccionarlos, en el sentido de dar prioridad a programas que realmente requieran ser cursados en universidades fuera de Chile.
BECAS CHILE Y EL ECOSISTEMA CIENTÍFICO CHILENO: CUANDO LOS ÁRBOLES NO DEJAN VER EL BOSQUE
El programa de Becas Chile se instala en 2008 (con el inmediato precedente de la Beca Presidente de la República que se ejecutó entre 1981 y 2007) con el objetivo de subsidiar la capacidad de los ecosistemas técnicos y científicos locales para mantenerse actualizados en conocimiento de punta. Esto llevó a un notorio incremento de la masa crítica científica desde 2010 al 2016, donde se contabilizaron 4.681 graduados de doctorado, 5.238 en magíster y 75 en subespecialidades médicas, todos provenientes de las universidades más prestigiosas a nivel nacional e internacional (5). A su vez, entre 2009 y 2015 la matrícula de doctorado en Chile aumentó desde 3.738 a 5.172, mientras que la de magíster desde 24.619 a 40.203 (6), al mismo tiempo que desde 2003 a 2016 la cantidad de programas de doctorados nacionales creció desde 109 a 266 programas (7). En otras palabras, desde el inicio del programa Becas Chile un número importante de académicos se formó tanto en Chile como en el extranjero, lo que fue acompañado también por una mejora importante en la infraestructura educacional chilena, expresado en el aumento de la oferta de posgrado y -aunque en menor medida- en sus niveles de acreditación (8). Cabe destacar que la evidencia disponible no permite comparar la calidad de los programas de magíster nacionales con aquellos impartidos en el extranjero. Sin embargo, creemos que estos datos muestran que hoy en Chile es cada vez más difícil argumentar sobre la escasez de líneas de investigación y competencias técnicas que sólo se encuentran en el extranjero[1].
Estos datos contrastan con un crecimiento insuficiente de plazas en universidades, industria, institutos privados sin fines de lucro y el Estado para los nuevos doctores y magíster formados tanto en Chile como en el extranjero (9), en su mayoría en ciencias sociales y humanidades (10,11), y de una relativa estabilidad de la cantidad de fondos científicos concursables como (12). Es decir, hoy nos encontramos en una situación de “cuello de botella”, donde los científicos cada vez tienen mayores dificultades para insertarse laboralmente, lo que redunda en el aumento de las condiciones precarias de empleo, subempleo o desempleo (13,14).