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[DIVULGACIÓN] Disputar el poder desde adentro: el impacto en la política del movimiento estudiantil

Este estudio plantea que el impacto del movimiento estudiantil de 2011, hay que entenderlo más allá de sus resultados en políticas públicas, como la reducción de la tasa de interés del Crédito con Garantía del Estado (CAE). Entre sus principales efectos, destaca un cambio tanto en el contenido de la política, al introducir nuevas demandas en la agenda, como en la estructura de esta, al formar nuevos movimientos o partidos y coaliciones de centro-izquierda y de izquierda que deciden disputar el poder. Es precisamente en este contexto donde surge una tercera fuerza política, el Frente Amplio, que logra tensionar a las dos coaliciones que habían dominado la política institucional en Chile en los últimos 30 años.

La investigación estuvo a cargo de los investigadores/as COES, Sofía Donoso, profesora asistente del Departamento de Sociología de la Universidad de Chile, y Nicolás Somma, profesor asociado del Instituto de Sociología de la Universidad Católica de Chile. Recientemente fue publicada en el capítulo “´You taught us to give an opinion, now learn how to listen”: The Manifold Political Consequences of Chile’s Student Movement” del libro Protest and Democracy, editado por Moisés Arce y Roberta Rice, publicado por la editorial de la Universidad de Calgary.

A partir de entrevistas a activistas estudiantiles, documentos legales, reportes periodísticos, literatura secundaria y una base de datos original sobre eventos de protesta para el período 2000–12, los investigadores COES analizaron cómo las políticas públicas en educación que se introdujeron en dictadura y consolidaron en democracia, generaron las condiciones materiales para que surja el movimiento estudiantil en 2011. De acuerdo con sus análisis, aunque hubo protestas esporádicas de estudiantes secundarios y universitarios en la década de los 90 y principios del 2000, no fue hasta el 2006 que la movilización cambió la agenda política, al instalar un debate nacional sobre las desigualdades educativas y el modelo neoliberal que las sostenía. El año 2011, en particular, el movimiento estudiantil “logró politizar la desigualdad y cambiar el discurso en torno a esta”, llegando incluso a posicionarse como el tema central de Bachelet en su segundo gobierno, señala Donoso.

Ahora bien, ¿cómo podemos entender, entonces, la emergencia e importancia de los movimientos sociales? Para la socióloga, los movimientos sociales son un elemento vital de la política en un sistema democrático. Su importancia es crucial porque tienen la capacidad de afectar el proceso político al introducir nuevas demandas en la agenda política. En la práctica, lo que hacen los movimientos sociales es mandar una señal, dicen “oye, no estás poniendo suficiente atención a este problema”, y ese llamado puede llegar a ser positivo cuando actualiza la relación entre la política institucional y la ciudadanía, explica la investigadora COES.

Más allá de lograr la creación de una política pública concreta, para Donoso es necesario entender que el impacto de los movimientos sociales puede darse en las distintas etapas del proceso de formación de políticas públicas. En términos generales, los movimientos sociales son particularmente influyentes en la etapa de instalar temas en la agenda de políticas públicas. “Está súper estudiado que el impacto de los movimientos sociales es muy fuerte ahí, en armar un debate y cambiar la opinión pública. Sin embargo, lograr que el gobierno de turno responda y envíe una propuesta de política pública, es otra cosa. Por lo tanto, los movimientos sociales deben tener mucho manejo organizacional para poder mantener la presión durante todo el tiempo que se demore el debate en el Parlamento”.

De acuerdo con ello, es sumamente importante estudiar los movimientos sociales como procesos, porque emergen, se difuminan y eventualmente vuelven a reaparecer. Por ejemplo, “el movimiento estudiantil en 2011 resurgió y no desde un punto 0, sino que, desde la experiencia de 2006, y eso definió no solo la ambición de las políticas que se pedían en 2011, sino que también determinó las confianzas y la construcción de alianzas”.

Aunque el movimiento estudiantil no tuvo demasiadas concesiones por parte del gobierno de Sebastián Piñera, más allá de rebajar la tasa de interés del CAE, según señala este estudio, su importancia radica en que generó cambios estructurales en la política. Específicamente, logró cambiar el equilibrio de poder entre el centro y la izquierda dentro de la Concertación. Según cuenta Donoso, el movimiento estudiantil, de hecho, fue una especie de salvavidas para la Concertación, que estaba en etapa de reflexión y revisión interna de lo que había sido y lo que quería ser. En este sentido, explica que las protestas estudiantiles fueron una oportunidad para redirigir su agenda política. Además, fue bajo este este contexto que el Partido Comunista se unió a los partidos de la Concertación formando la “Nueva Mayoría”.

A su vez, el movimiento estudiantil fue sumamente relevante en lo que refiere a la emergencia de nuevos actores políticos. En concreto, varios dirigentes estudiantiles se convencieron que para impulsar su propia agenda tenían que disputar el poder en las elecciones parlamentarias de 2013, sin abandonar con ello su participación en los movimientos sociales. Sin ir más lejos, Camila Vallejo y Karol Cariola fueron electas representando al Partido Comunista, mientras que Giorgio Jackson asumió como Revolución Democrática y Gabriel Boric como independiente. La entrada de estos dos últimos al Congreso, marcó el comienzo de una nueva fuerza política que en 2019 se posicionó como la tercera coalición más grande en Chile: el Frente Amplio. Para la socióloga, la conformación del Frente Amplio logró “canalizar parte de un descontento social, abriendo las alternativas políticas y la representación de las fuerzas políticas”, dentro del marco institucional.

En suma, este capítulo entrega los antecedentes de la actual investigación que dirige Donoso sobre la institucionalización de la protesta, a partir del proyecto Fondecyt de Iniciación, “Partidos-movimiento en acción: El caso del Frente Amplio en Chile”. El escenario actual, marcado por el movimiento social más grande en Chile desde el retorno a la democracia, instala nuevos desafíos, en particular, sobre cómo se están redefiniendo las relaciones de poder y las alianzas dentro del Frente Amplio. Para la socióloga “esta tensión se ha estado produciendo por diferencias en el concepto de representación que tienen las distintas colectividades políticas dentro del Frente Amplio. Mientras algunos tienen una visión más bien ligada a la democracia directa, otros ven sus organizaciones políticas como interlocutores y mediadores de las demandas y aspiraciones de los movimientos sociales”. Esto lógicamente plantea desafíos significativos para el futuro del movimiento político y el rol del Frente Amplio en el contexto actual.

Donoso, S. Somma, N. (2019). “You taught us to give an opinion, now learn how to listen”: The Manifold Political Consequences of Chile’s Student Movement. En Arce, M., Rice, R. (Eds), Protest and democracy (pp. 145-172). Calgary: University of Calgary Press.

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