El Observatorio de Conflictos del COES actualizó su base de datos con más de 38 mil registros entre 2005 y 2024, mostrando la evolución y características de la movilización social en Chile.
A seis años del estallido social de octubre de 2019, el Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES) presentó una nueva actualización de la base de datos del Observatorio de Conflictos, que registra 38.551 protestas ocurridas entre 2005 y 2024. La información, elaborada a partir de la codificación manual de prensa nacional y regional, permite observar tendencias y cambios en los patrones de movilización del país.
El estallido de 2019 fue el período de mayor intensidad, concentrando un 10,8% del total de protestas registradas. Le sigue el movimiento estudiantil de 2011 con un 7,1%, mientras que 2005 y 2024 presentan los niveles más bajos (3,3% y 2,3%, respectivamente). Los datos muestran fluctuaciones a lo largo del tiempo, con picos de conflictividad en 2008, 2013 y 2020, seguidos de etapas de menor actividad.
En la distribución territorial, la Región Metropolitana concentra el 17% de las protestas, seguida por La Araucanía (11,2%), vinculada al conflicto entre el Estado y el pueblo mapuche, y Valparaíso (9,8%), por su relevancia institucional. En el otro extremo, Aysén (2,9%) registra la menor proporción de manifestaciones en el período.
Las demandas laborales encabezan las motivaciones con un 35%, seguidas por las educacionales (19,5%) y las políticas o legales (11%). Las primeras tuvieron su punto más alto en 2009 y retomaron fuerza con el movimiento No+AFP, mientras que las educacionales fueron predominantes en 2006 y 2011.
Las demandas medioambientales y territoriales se concentraron en 2011–2012; las políticas, en 2015, durante el debate por reformas e investigaciones por corrupción; el feminismo se consolidó desde 2015 con hitos en 2018 y 2020; y las protestas por migración, aunque representan solo un 0,5%, aumentaron en 2022 por la crisis en el norte del país.
En el registro predominan las manifestaciones pacíficas, como marchas y concentraciones. Un 20% incluyó bloqueos o paros, un 9% tomas de edificios y, en menor proporción, se registraron enfrentamientos o daños a la propiedad. En más de una cuarta parte de las protestas hubo presencia policial, con niveles más altos en 2011–2012 y 2019–2020.
El informe concluye que la protesta en Chile no es un fenómeno aislado, sino una forma recurrente de expresión ciudadana. Si bien el número de manifestaciones disminuyó en 2024, la trayectoria histórica de este periodo registrado muestra que la movilización social tiende a reactivarse ante demandas no resueltas.
Puedes revisar los datos en el siguiente enlace.
