El segundo Foro de Cohesión Social 2025, organizado por el Observatorio de Cohesión Social del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES) junto al Centro de Estudios Públicos (CEP), analizó con evidencia empírica y mirada regional cómo la migración ha transformado la sociedad chilena en la última década y cuáles son los desafíos que plantea para la cohesión social.
Según el Censo 2024, en Chile residen 1,6 millones de personas extranjeras, casi un 9% de la población, con especial concentración en la Región Metropolitana y en el norte, donde Tarapacá supera el 20% de población migrante y comunas como Santiago e Independencia alcanzan cifras sobre el 40%. Estos cambios han estado acompañados de un deterioro sostenido en las percepciones ciudadanas hacia los migrantes, lo que afecta directamente a la cohesión social.
La exposición principal estuvo a cargo de Roberto González, profesor titular de la Pontificia Universidad Católica de Chile e investigador principal del Estudio Longitudinal Social de Chile (ELSOC-COES), quien presentó resultados de siete olas de encuestas realizadas desde 2016. “A lo largo de los años, la actitud de valoración, de admiración, de agrado hacia la migración ha ido decayendo en el tiempo”, señaló, destacando además que “el 88% está completamente de acuerdo o muy de acuerdo en que hay que implementar medidas que restrinjan el acceso migratorio”.
Uno de los puntos centrales de su intervención fue la hipótesis de contacto y la diferencia entre frecuencia y calidad de las interacciones entre población local y migrante. “Puedo tener poco contacto con personas migrantes, pero si es de buena calidad eso es tremendamente efectivo”, explicó González, en referencia a que los vínculos positivos se asocian a mayor simpatía, menor percepción de amenaza y mayor disposición a reconocer derechos. En contraste, advirtió que “el contacto negativo puede producir algo muy iatrogénico en las relaciones y la calidad de los vínculos”.
Los resultados también evidencian diferencias por edad, educación y posición ideológica. “Probablemente son los grupos de mayor edad los que están compitiendo más fuerte en el mercado laboral”, señaló, aludiendo a que perciben mayor amenaza en la migración. Agregó que “las personas con educación universitaria muestran mayor simpatía hacia la migración que quienes tienen menor escolarización”, aunque incluso en este segmento se observa un deterioro gradual y una convergencia transversal en el apoyo a medidas restrictivas.
En su intervención, Mauricio Salgado, investigador del CEP, destacó el aporte de ELSOC al debate público: “Quisiera comenzar reconociendo a Roberto y al equipo que coordina por sostener en el tiempo un esfuerzo de investigación longitudinal único en Chile y en la región”. También subrayó las ambivalencias que muestran las encuestas: “Hay un deterioro de las actitudes hacia la migración, pero al mismo tiempo una caída en la idea de que los migrantes aumentan el desempleo”.
Por su parte, Marcela Tapia, profesora titular de la Universidad de Tarapacá, situó la discusión en la experiencia del norte del país: “La migración y la movilidad son fenómenos consustanciales a la humanidad, pero en el norte de Chile este proceso ha sido particularmente intenso y está marcado por ciclos económicos y por la interacción fronteriza histórica con Perú y Bolivia”. Además, advirtió sobre los riesgos de un enfoque exclusivamente punitivo: “Reducir la migración a un problema de orden público profundiza desigualdades, dificulta la integración y debilita la cohesión social”.
El foro concluyó relevando la importancia de la evidencia empírica para comprender los cambios que ha experimentado el país en materia migratoria y los desafíos que estos plantean para la cohesión social. Tal como resumió González, “si uno promueve mejor calidad en los vínculos, sabe que va a tener el beneficio de eso en todas estas dimensiones, y por tanto impactar en los indicadores de cohesión social”.
