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[PRENSA] Emmanuelle Barozet: «La élite tiende a pensar que los sectores populares no tienen opinión»

Publicado en El Mercurio de Antofagasta

Fue el mismo Presidente Sebastián Piñera quien en uno de sus anuncios, tras la masiva marcha que congregó a más de un millón de ciudadanos en Santiago, puso como ejemplo el caso de Francia para enfrentar la crisis de los «Chalecos amarillos» en 2018.

En el caso del país galo, todo comenzó el 17 de noviembre de 2018, cuando unos 280 mil manifestantes, vistiendo chalecos amarillos de seguridad, comenzaron a protestar por el alza del impuesto a los combustibles, bloqueando caminos y carreteras, jornada que terminó con una persona muerta y más de 150 detenidos. El descontento se extendió durante los días siguientes, en los que continuaron los bloqueos.

Tras varias semanas de tensión, finalmente el Presidente Emmanuel Macron cambió su tono y apostó por un trato más conciliador, llamando a un gran «debate nacional», para recabar las opiniones de los ciudadanos que se prolongó durante dos meses. Participaron más de un millón y medio de franceses, asistiendo a más de 10 mil reuniones locales, enviando sus contribuciones por internet o escribiendo sus peticiones en cuadernos de quejas.

Justamente esta idea es una de las que se ha repetido con fuerza tras el conflicto político-social en nuestro país. En esa línea, conversamos con la académica de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Chile e investigadora asociada del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social, Emmanuelle Barozet, quien entrega detalles de la experiencia francesa y sobre la posibilidad de replicar aquel modelo de participación ciudadana en nuestro país.

¿Son comparables los estallidos sociales ocurridos en Chile y Francia en el último tiempo?

-Hay algunos elementos que son comparables, pero el trasfondo y el tipo de país es muy distinto. Donde si son parecidos es en las explosiones sociales. Al igual que en Chile, en Francia había un descontento popular acumulado desde hace ya bastante tiempo, particularmente desde los años ochenta cuando empieza a hacer agua el sistema de protección social y el pacto social heredado de la Segunda Guerra Mundial.

Todo parte con el alza de la bencina en octubre de 2018. Es justamente esta arista la que incendia la pradera, que fue algo parecido a lo que ocurrió en Chile con el alza del pasaje del metro. Para entender el contexto, para Francia esa medida de aumentar el precio de la bencina se toma dentro de todo el programa de transición ecológica.

Por otra parte, de la misma forma que tuvimos 10 declaraciones de ministros chilenos que fueron desafortunadas, Macron también tuvo frases desafortunadas, lo que fue tomado como una expresión de desprecio de la élite por gran parte de la población.

Una diferencia entre ambos es, por ejemplo, la recurrencia del movimiento. En el caso de los «chalecos amarillos», los encuentros eran semanales: solo los días sábado. No es como acá que todos los días hay protestas desde que se inició el movimiento el 18 de octubre. Otro tema importante es que Francia no tiene los niveles de desigualdad que tiene Chile.

¿En qué consistió el gran debate nacional que impulsó Macron para salir de la crisis y cuál fue su alcance?

-Esto fue una especie de consulta ciudadana que empezó el 15 enero de 2019 y terminó el 15 de marzo, que fue una mezcla parecida con lo que se hizo durante el segundo gobierno de Michelle Bachelet para la consulta de la nueva constitución. Hubo, por ejemplo, encuentros locales autoconvocados, se abrieron cuadernos de reclamos en los municipios, consultas en línea. Ojo, no es un referéndum, es un consulta, por lo tanto no es vinculante.

Francia es un país de 66 millones de habitantes y entre los diferentes mecanismo de consulta habrían participado 1,5 millones de personas. Una vez recogidas las demandas de los franceses, el 25 de abril se realiza un nueva conferencia de prensa del presidente en base a esos resultados, lo que permitió una suerte de puesta en escena de una segunda etapa del mandato de Macron, que es lo que entiendo estaría intentando hacer ahora el gobierno de Piñera. Pidió disculpas por la soberbia, caso que también hemos visto en Chile.

¿Y qué tipo de propuestas son las que están discutiendo hoy en día?

-Macron señaló una serie de reformas (que aún faltan por legislar), algunas bastante profundas y otras más cosméticas. Por ejemplo se agregó más voto proporcional en las elecciones parlamentaria para favorecer a los partidos más chicos y mejorar la representación, se redujo el número de parlamentarios de 577 a 380 y facilitar los referéndum de iniciativa popular.

En el ámbito público y las medidas sociales, se propuso un paquete de medidas para los hospitales públicos y las escuelas de aquí al 2022, pero el movimiento de protesta de los servicios públicos no ha bajado. Después, en términos de impuesto de compra se bajó el impuesto a las rentas de la clase media. También se va a hacer una reforma de muchos de los nichos fiscales donde empresas, igual que en Chile, tienen sistemas para no pagar impuestos.

En términos de percepción, ¿qué impacto tuvieron estas propuestas?

-Bueno, depende de la radicalidad de los chalecos amarillos. Los más radicales encontraron que no era suficiente, Los más moderados encontraron que estuvo bastante bien, salvo que una de las principales medidas que pedía los chalecos amarillos no fue acogida que es el caso sobre impuesto a las altas fortunas, que es un tema que también estamos discutiendo acá en Chile.

¿Está Chile preparado para avanzar este tipo de acuerdos para reducir la inequidad?

-Creo que sí. El problema que hemos tenido para el caso de Chile es que hay una élite muy encapsulada históricamente, que se renueva en los años ochenta con la transformación económica pero que sigue siendo en élite muy encapsulada y que tiende a considerar que la gente de los sectores populares no tiene opinión, no saben que decir y no saben pensar. Soy convencida que en esta nueva etapa de un debate amplio que aparentemente se estaría ahora generando en parte un consenso de que podría haber una asamblea constituyente, sí tiene que ser algo no entre cuatro paredes, como ha sido la tónica en la historia de Chile, sino que un proceso mucho más abierto. Creo que Chile está más que maduro para una nueva asamblea constituyente con participación ciudadana amplia.

¿Cree que la baja partición electoral de los chilenos sea un factor que llevar adelante, por ejemplo, la idea de una asamblea constituyente?

-No es porque haya habido una baja en la participación electoral en los últimos años que haya habido despolitización en Chile. De hecho, este estallido que estamos experimentando no es solo social, sino también político. Ya hay cabildos organizados, hay gente organizando discusiones en varios puntos del país. Creo que ha habido una repolitización con este movimiento.

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