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[OPINIÓN] Nuevos datos para medir la desigualdad

Por Claudia Sanhueza
Publicado en La Tercera

Un think tank de derecha cuestionó hace unos días la afirmación de que en Chile el Gini disminuye poco después de incluir impuestos y transferencias, porque al incluir las transferencias no monetarias en salud y educación, éste se reduce más. Argumentando además que esto se debe al “gasto público focalizado”. El problema es que cuando se afirma que Chile reduce poco la desigualdad es porque se está pensando en que hay otros que la reducen más, es decir se está comparando con otros países. En cambio, este estudio no hace el trabajo de comparar y por lo tanto no puede concluir si Chile reduce poco o mucho la desigualdad. Además, en promedio los países de la OCDE tienen un gasto público como porcentaje del PIB que es 38% mayor que en Chile y en la mayor parte educación y salud son financiadas como si fueran derechos sociales o políticas sociales universales. Por lo tanto, si hiciéramos el ejercicio de calcular el impacto distributivo del gasto público no monetario el Gini probablemente disminuiría aún más en estos países (“La fuerza redistributiva de un régimen socialdemócrata”. Sanhueza, 2013). Adicionalmente, este documento muestra los indicadores de desigualdad del Banco Mundial y como dijo la investigadora Gabriela Ichauste, por razones metodológicas, este no es comparable desde el 2006 en adelante. Por lo tanto, poner los datos previos al 2006 y posteriores a este año en un mismo gráfico es un error metodológico importante.

Ahora bien, en el resto del mundo la desigualdad también es relevante en el debate público. Un artículo reciente en The Economist planteaba dudas sobre la evolución de la proporción del ingreso que se lleva el 1% más rico, que en los países desarrollados se ha encontrado que aumentó. Así, más de 50 investigadores de desigualdad publicaron en Project Syndicate una carta señalando que estamos viviendo en la Edad Media de las estadísticas de desigualdad. Mientras los dueños de redes sociales, como Facebook, tienen datos íntimos de nuestra vida privada, los gobiernos aún no capturan, y mucho menos publican, las estadísticas más básicas sobre la real distribución de ingresos y riqueza.

Aunque ha habido esfuerzos de usar no solo encuestas de hogares, sino datos administrativos, estadísticas de impuestos e incluso datos publicados en los medios, como los “Panama Paper”, el progreso en este ámbito se ha visto obstaculizado por medidas que disminuyen la transparencia de datos como la reducción de auditorías fiscales. Más aún, como se están eliminando gradualmente los impuestos sobre los ingresos de capital, la riqueza y la herencia, han desaparecido algunas de las fuentes de datos sobre la desigualdad de la riqueza. Es un importante llamado a las sociedades a unirse al esfuerzo de tener los datos de desigualdad que necesitamos en el siglo XXI. Chile está llamado a lo mismo.

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