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Por Héctor Carvacho
Publicado en La Tercera

La historia de la especie humana ha sido una historia de violencia. El progreso humano no ha estado exento de la explotación, la opresión y la muerte de otros que, la mayoría de las veces, por el simple hecho de no haber nacido en el lugar correcto terminan pagando sus costos.

Particularmente doloroso es el costo de la paz. La paz ha permitido el progreso y la prosperidad de muchos. Pero en el nombre de la paz se han cometido abusos, se han generado nuevas injusticias, e incluso se han perpetrado atrocidades que nos avergüenzan, incluidos genocidios. En la historia de nuestro país, uno de los eventos más dolorosos es la así llamada pacificación de la Araucanía.

Más de un siglo después, Camilo Catrillanca, comunero mapuche, fue asesinado en manos de agentes del Estado. Su muerte solo puede entenderse como parte de un proceso de larga data que ha buscado, por medio del uso de la fuerza del Estado, controlar el así llamado conflicto mapuche.

Hoy, nuestro país está viviendo el momento más complejo que como sociedad hemos enfrentado desde la vuelta a la democracia. El estallido social por las injusticias, abusos y desigualdades ha sido un movimiento sin precedentes en la historia reciente. Sin embargo, dentro de este estallido, la violencia, de la policía, de algunos manifestantes que ocupan medios extremos para expresarse y de otras personas cuyas motivaciones resultan más difíciles de asociar al movimiento social, han impactado por su gravedad. Hoy, después de semanas de movilización, el llamado transversal es a dialogar, a construir un gran acuerdo por la paz.

Más de cien años después de que La Araucanía fue pacificada Catrillanca fue asesinado y las personas mapuche en nuestro país viven una situación de discriminación y violencia estructural cuyo fin es difícil de vislumbrar.

En este día que conmemoramos el asesinato de Catrillanca y que al mismo tiempo tratamos de construir un nuevo pacto social, debemos recordar las atrocidades que se cometen en nombre de la paz. El precio del progreso lo pagan los que no nacieron en el lugar correcto. Hoy Chile está definiendo cuál es el lugar en que nacerán las generaciones que vendrán y también quienes pagarán el precio de la paz.

Catrillanca murió y no debió haber muerto. En estos días nos enteramos cada día de la mutilación y muerte de chilenos, que no debieron haber sido mutilados y que no debieron haber muerto. Las definiciones que Chile tome hoy pueden salvar vidas. Estamos escribiendo la historia que se contará de nosotros. Mientras más demoremos, mas costos de vidas pagaremos en el nombre de la paz. Mientras menos profundos sean los cambios que reparen la injusticia, más altos serán los costos que pagaremos en el largo plazo en el nombre de la paz.

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