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[OPINIÓN] El ocaso de la democracia en los Estados Unidos

Por Cristóbal Rovira
El País

El país ha alcanzado un punto de inflexión que puede resultar irreversible si Trump es reelegido

La llegada al poder de Donald Trump ha provocado un acalorado debate sobre las consecuencias del populismo de derecha radical en EE UU y el mundo. Aunque hay pocas dudas de que Trump representa una amenaza democrática, no hay consenso sobre hasta qué punto la democracia estadounidense es lo suficientemente resiliente como para sobrevivir a este desafío. En términos generales, es posible identificar dos corrientes en la literatura académica. Por un lado, no pocos académicos opinan que la Administración de Trump debe ser vista como un gran peligro, ya que gradualmente está subvirtiendo el régimen democrático liberal desde dentro y empleando prácticas tóxicas que muy bien podrían conducir a un gobierno autoritario. Por otro lado, varios académicos argumentan que el sistema político de EE.UU se caracteriza por una serie de controles y equilibrios institucionales que son tan robustos que la presidencia de Trump no podrá terminar causando daños significativos a la democracia estadounidense.

A pesar de importantes diferencias entre estas dos corrientes en la literatura académica, ambas comparten una tesis central: la idea de que el potencial éxito de la agenda autoritaria de derecha de Trump depende de una oportunidad exógena que podría facilitar al Gobierno el aniquilamiento de las reglas del juego que son inherentes a la democracia liberal. Desafortunadamente para la democracia estadounidense, la pandemia representa una variable externa de ese tipo. La propagación de la covid-19 en todo el país es un fenómeno inesperado con consecuencias económicas y políticas devastadoras. El desempleo está alcanzando niveles sin precedentes, la pobreza está aumentando rápidamente y todo indica que no hay perspectivas de una rápida recuperación económica. Al mismo tiempo, la Administración de Trump ha abordado la pandemia pésimamente, hasta el punto de que más de 100.000 personas han muerto y el comportamiento errático del propio presidente no ha ayudado precisamente a contener la propagación del virus. Como si fuera poco, ahora estamos presenciando una explosión de protestas en todo el país por la muerte de George Floyd, un hombre afroamericano asfixiado por policías blancos en Mineápolis.

Uno podría esperar que la grave situación en la que se encuentra el país debería conducir al debilitamiento de Trump, quien se verá obligado a moderar sus posiciones y, por lo tanto, a cambiar su agenda política. Sin embargo, la evidencia comparada revela que las crisis son en realidad oportunidades que pueden ser empleadas por las fuerzas populistas de derecha radical para extremar sus posiciones e impulsar duras medidas que en efecto pueden llevar al ocaso de la democracia. Varios signos preocupantes indican que esto ya podría estar ocurriendo en EE.UU hoy en día. A pesar de la clara ineptitud del Gobierno para hacer frente a la pandemia, al hablar sobre “el mayor regreso de todos los tiempos”, Trump está desarrollando una propaganda que busca aumentar sus índices de aprobación entre los votantes republicanos. Además, no escatima esfuerzos para elaborar teorías de conspiración sobre los orígenes del virus que buscan culpar a influencias extranjeras —desde China hasta la Organización Mundial de la Salud— por la situación crítica en la que se encuentra el país. Por último, pero no menos importante, su respuesta a la ola actual de masivas protestas muestra que está más que dispuesto a restringir las libertades de una prensa que desprecia y emplear políticas de mano dura.

No cabe duda de que EE.UU ha alcanzado un punto de inflexión. Se trata de un momento crucial que Trump ciertamente intentará usar para su propio beneficio. Si bien es cierto que hay protestas masivas contra lo que su presidencia implica, la pandemia le da a Trump una oportunidad sin paralelo para violar las normas liberales y desautorizar a la oposición política. Quienes son optimistas pueden señalar que las elecciones se llevarán a cabo en noviembre y que tanto la dramática situación económica como la gestión incompetente de la pandemia seguramente conducirán a la derrota de Trump. Ahora bien, la competencia electoral es una lucha cuesta arriba para la oposición, ya que el Gobierno continuará presionando a los medios de comunicación y la pandemia dificulta la campaña. Por el bien de la democracia estadounidense y del liberalismo en todo el mundo, cabe esperar que el Partido Demócrata gane las próximas elecciones. No obstante, este es un resultado poco probable. Trump está utilizando la pandemia para posicionarse como el salvador providencial de una catástrofe inminente. Y aunque hay evidencia más que suficiente para demostrar que su manejo de la pandemia ha sido terrible, aún puede usar esta crisis para energizar a su base y atacar implacablemente a la oposición. Su reelección, cuando ocurra, será considerada por él mismo como una clara señal de que los tiempos están listos para extremar su agenda de derecha populista radical. Si esta predicción se hace realidad, la covid-19 puede considerarse no solo como el portador de la muerte y la recesión en EE UU, sino también como el precursor que permitió la destrucción de la democracia estadounidense.

 

 

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