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Clases, relaciones laborales y conflicto social: Chile en perspectiva comparada
Fecha: 2018
Estado: In Process

Investigadores

Investigador Responsable:

Contexto

El conflicto de clases, y particularmente el conflicto entre empresarios y trabajadores, ha sido un tema recurrente en la investigación sobre desigualdad social, relaciones laborales y acción colectiva (cf. Przeworski, 1985; Traxler et al, 2001; Wright, 2015). A pesar del avanzado nivel de desarrollo de este tipo de investigaciones, aún existe desacuerdo sobre cómo explicar las variaciones en los patrones de conflicto observados en distintas naciones. Sobre este punto, existen dos literaturas que, aunque complementarias, han entregado hipótesis divergentes sobre la relación entre desigualdad de clases, relaciones laborales y conflicto social.

1) Literatura sobre clases sociales: Parte importante de esta literatura se ha centrado en el estudio de cómo la clase social de las personas configura sus identidades de clase, sus percepciones sobre el conflicto entre trabajadores y empresarios, así como sus actitudes hacia distintos temas asociados a la clase (por ejemplo, la legitimidad de los sindicatos o el rol del mercado y de la empresa privada en la provisión de bienes y servicios) (Evans & Kelley, 1995; Wright, 1997; Wallace & Junisbai, 2003; Svallors, 2006; Pérez 2014). Favoreciendo el uso de técnicas cuantitativas, estos estudios se han enfocado así en el análisis de los determinantes individuales (particularmente la posición de clase) del conflicto de clases, entendido como polarización de actitudes y opiniones. Junto con esto, estas investigaciones han mostrado que el impacto de atributos individuales como la posición de clase está mediado por condiciones sociopolíticas de nivel macro. Así, por ejemplo, en sus análisis de países capitalistas desarrollados tanto Wright (1997: Ch. 13) como Svallfors (2006: Ch. 5) sostienen que en sociedades con tradiciones corporativistas—particularmente, los países escandinavos—las percepciones sobre el conflicto de clases son más polarizadas que en países con tradiciones liberales como Estados Unidos. Esto porque a diferencia de los países liberales, las naciones de tradición corporativista promueven la acción colectiva de actores de clase (sindicatos y asociaciones empresariales) y de partidos políticos con agendas de clase explícitas. Estos actores politizan en términos de clase discursos sobre desigualdad y redistribución, los que en sociedades con regímenes liberales se encuentran tematizados de manera no-clasista (por ejemplo, bajo discursos meritocráticos).

2) Literatura sobre relaciones laborales y acción colectiva: Atendiendo a la diferencia entre países con tradiciones “corporativistas” y “liberales”, la literatura sobre relaciones laborales ha analizado el conflicto de clases no enfocándose en sus determinantes individuales, sino que más bien en sus patrones generales expresados, por ejemplo, en niveles de actividad huelguística (cf. Schmitter, 1981; Przeworski, 1985; Rogers, 1990; Alemán, 2010). Al analizar cómo el nivel de conflicto varía entre países, diversos investigadores han mostrado que las naciones con economías políticas corporativistas—con esquemas de negociación colectiva centralizada, con mayores protecciones al derecho a huelga y sindicatos poderosos (Traxler, et al 2001; Hassel, 2015)—favorecen el establecimiento de instancias de pacto social que disminuyen el conflicto de clases (Schmitter, 1981; Paloheimo, 1984; Rogers, 1990; Crouch, 1993; Wallerstein, et al., 1997; Alemán, 2010). Según estos investigadores, la reducción del conflicto de clases se explica, entre otros factores, por la existencia de pactos sociales que garantizan importantes niveles de bienestar social y por la acción de organizaciones de clase (sindicatos y asociaciones empresariales) burocratizadas capaces de controlar a sus afiliados y atar su acción al cumplimiento de los compromisos de clase adquiridos (cf. Przeworski, 1985; Calmfors & Driffill, 1988; Crouch, 1993).

Como se ve, los estudios sobre clases sociales y relaciones laborales tienden a hacer predicciones diferentes sobre la relación entre clases, acción colectiva y conflicto. Mientras la primera asume que el conflicto —medido como polarización de actitudes— es mayor en sociedades con condiciones político económicos corporativistas (o cercanas a ellas), la segunda plantea que el conflicto —medido generalmente en términos agregados a partir de la actividad huelguística— es menor en contextos donde existen sindicatos y negociación colectiva centralizados.

Objetivos

Considerando lo anterior, esta investigación pretende contribuir a estas discusiones sobre clases sociales, relaciones laborales y conflicto social a partir de un análisis del caso chileno y, conjuntamente, un estudio comparado de los patrones generales de conflicto entre empresarios y trabajadores. De modo más específico, esta investigación tiene dos objetivos centrales: 1) analizar los determinantes del conflicto entre trabajadores y empresarios en Chile, y 2) examinar los patrones generales de conflicto observado en distintos países de América Latina (incluido Chile), Norte América y Europa, a fin de ubicar el caso chileno en contexto comparativo. Esto se hace especialmente relevante en vistas de que, salvo contadas excepciones (cf. Alemán, 2010), los análisis más recientes han estado centrados en naciones capitalistas desarrolladas, dejando el caso de América Latina—y de Chile en particular—fuera del foco de reflexión.

Los objetivos de este trabajo serán llevados a cabo en dos etapas:

Análisis del caso chileno: En la primera etapa se estudiarán los determinantes individuales de las percepciones de conflicto entre trabajadores y empresarios en Chile. Siguiendo los elementos centrales de las investigaciones sobre clases sociales (Evans & Kelley, 1995; Wright, 1997; Wallace & Junisbai, 2003; Svallors, 2006), se analizará si la clase social de las personas configura diferencias significativas en sus actitudes hacia el poder de los empresarios. Considerando el crecimiento explosivo de la acción colectiva y de los niveles de politización del país (Donoso & Von Bülow, 2017; Somma y Medel, 2017), en esta etapa de la investigación también se evaluará si dichas actitudes son también afectadas por la participación en instancias políticas no convencionales (por ejemplo, participación en huelgas y otras formas de acción disruptiva).

Dos hipótesis guían esta etapa de la investigación. En primer lugar, en línea con lo planteado por investigaciones sobre clase social (cf. Wright, 1997), mi principal hipótesis es que las personas de clase trabajadora tienen actitudes más negativas hacia los empresarios que las personas de clase media o de clase capitalista. En segundo lugar, a partir de lo planteado en investigaciones sobre clase y acción colectiva (Offe y Wiesenthal, 1980; Fantasia, 1988; Hyman, 1989) testearé la hipótesis según la cual la participación en instancias de acción colectiva no sólo incrementa las orientaciones negativas hacia el empresariado, sino que dicho efecto de la acción colectiva es mayor para personas de clase trabajadora que para personas de otra clase.

Análisis comparativo: Luego de este análisis específico del caso chileno, en una segunda etapa de la investigación se estudiarán variaciones internacionales del conflicto de clases. Siguiendo la literatura ya mencionada, se estudiará los determinantes de nivel micro (posición de clase) y macro (tipo de régimen laboral, niveles de actividad huelguística, etc.) del conflicto de clases. El conflicto será medido como polarización de actitudes hacia la relación entre empresarios y trabajadores.

Esta etapa de la investigación busca poner a prueba las hipótesis derivadas de las literaturas sobre clases sociales y relaciones laborales, cuyas predicciones son, como se dijo, contradictorias. Particularmente, se busca analizar si, como sostiene la teoría de clases, los países con economías políticas corporativistas presentan actitudes más polarizadas que los países con economías políticas liberales; o si por el contrario, como supone la literatura sobre relaciones laborales, los países con regulaciones corporativistas presentan menores niveles de conflicto que aquéllos con regulaciones liberales o pluralistas.