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[PRENSA] Pertenencia y simbolismo: Las razones que mueven a quienes siguen yendo protestar a Plaza Italia

Emol

Con la flexibilización de las medidas de restricción, las manifestaciones retornaron a la zona cero del 18-O. El hecho ha sido criticado por el contexto sanitario y la cercanía del Plebiscito. «Es razonable que los procesos de politización que estaban en curso se reactiven», dice Macarena Orchard, socióloga e investigadora del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social.

El 21 de abril, Patricia preguntó en su cuenta de Twitter qué extrañaban del pasado, de la época pre cuarentena. «La protesta», «los viernes en la plaza», «las manifestaciones», «marchar», «ir a la Plaza Italia en bici» fueron algunas de las 106 respuestas que recibió. Para su círculo y para ella misma, esas jornadas se habían convertido en una parte de su rutina. Asistió al menos dos veces a la semana entre el 18 de octubre y el 13 de marzo, cuando entró en cuarentena voluntaria. Tuvieron que pasar cinco meses de confinamiento para que Patricia —una abogada de 32 años cuya identidad prefiere mantener en reserva— pudiera volver ahí, a la explanada afuera del metro Baquedano, esta vez con mascarilla, antiparras y alcohol gel.

Entre el 26 de marzo y el 16 de agosto, Santiago estuvo en un estricto confinamiento. Una semana antes, se levantó la cuarentena en Providencia. Ambas comunas estuvieron más de cien días con restricciones de movilidad, una larga medida que el ministro Enrique Paris explicó, en parte, por el hecho de que ambas compartieran el epicentro de las protestas. «Influye mucho», dijo a fines de julio, «las dos comunas, que tienen buenas cifras y que podrían salir, se juntan en ese sector. Eso nos impide, por la movilidad, tomar la decisión en ese sector».

Y es que la reactivación de las movilizaciones no era difícil de predecir. Con el paso de las comunas a Fase 3 y la flexibilización de las restricciones en el resto de la región, el flujo hacia Plaza Italia los días viernes comenzó a aumentar, pasando de unas decenas de personas en septiembre a cerca de mil manifestantes en las últimas dos semanas, donde la tensión se volvió notoria. Las reuniones han terminado con duros enfrentamientos entre la fuerza policial y los asistentes, con hechos como la detención de un carabinero luego de que se le imputara haber empujado a un adolescente al río Mapocho.

Abundaron imágenes de basureros quemados, veredas destruidas, micros incendiadas y semáforos rotos. En otras protestas en la capital, se registraron ataques a edificios municipales y centros de salud. La seguidilla de hechos de violencia detonó la condena de políticos y figuras públicas que habían apoyado hasta entonces las manifestaciones, quienes cuestionaron la decisión de reanudar las protestas en el contexto de pandemia y a poco tiempo de la realización del Plebiscito.

«Estos no son manifestantes, son delincuentes, terroristas de la ciudad, que buscan generar el caos», dijo el alcalde de Santiago, Felipe Alessandri, luego del segundo viernes de octubre. Después, en EmolTV, dijo sentirse triste por la destrucción del espacio público. «Habíamos avanzado mucho, habíamos logrado reconstruir en gran parte la denominada ‘zona cero’, que es luminaria en el eje Alameda, la Plaza del Pedregal la hicimos de nuevo, los escaños del Parque Forestal, pinturas, semáforos. El fin de semana, sobre todo el viernes, arrasaron con todo».

Patricia, que vive cerca de la «zona cero» y ha vuelto a salir los viernes, señala que no ve una «cercanía natural» entre la manifestación y la violencia. «Es tramposo hacerlas sinónimos, porque hacerlo es decir derechamente que está mal la protesta y la protesta es un derecho humano fundamental, reconocido incluso en la Constitución actual y por infinitos instrumentos internacionales», dice.

Las razones de la protesta

«Para ser franca, a mí no me parece para nada sorpresivo que las protestas retornen», comenta a Emol la académica de la U. Diego Portales e investigadora COES, Macarena Orchard. «Nos estamos acercando al aniversario del 18 de octubre y además al Plebiscito, que fue, de alguna manera, una de las grandes peticiones de este movimiento que producto de la pandemia quedó entre paréntesis. La pandemia puso un freno obligado por razones sanitarias, pero si tú lo analizas bien no es que se haya logrado algo en este tiempo», agrega.

Y dichas motivaciones, explica la socióloga, pueden ser muchas. «Es imposible hacer un perfil único de los manifestantes en cualquier tipo de protesta. Evidentemente las personas que van a la plaza, tanto ahora como para el 18 de octubre, tienen distintas razones para estar ahí. Había un sentimiento común, porque se fueron colectivizando las razones de la protesta, pero eran perfiles muy distintos: jóvenes ex Sename, estudiantes universitarios, profesionales, dueños de casa, adultos mayores. Siempre es errado pensar que hay solamente una gran motivación detrás de la protesta, porque las razones que los motivan son distintas, a pesar de que se empiecen a sentir parte de un proyecto común», dice.

Según el informe del Observatorio de Conflictos realizado por el COES (Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social), hubo tres grupos nuevos que pasaron a tener una participación mayor en las manifestaciones del año pasado: vecinos, mujeres y encapuchados. En un esfuerzo por entender las características del movimiento social, concluyeron que en el estallido no hubo una organización articuladora convocante —después del 18-O, solo un 22% de las protestas reportaba presencia de al menos una organización, una cifra que durante la última década se mantuvo en un 56%— y que en el 40% de las protestas ocurrieron actos violentos, tanto por la «acción represiva de las Fuerzas Armadas y de Orden», como por las «tácticas de los manifestantes», aunque sólo un 26% de esas tácticas fueron directamente «violentas».

Informe anual Observatorio de Conflictos 2020

Todo eso, según explica Orchard, se mantuvo pausado durante los meses de confinamiento, pero no porque los problemas expuestos durante el estallido se hubieran resuelto. «Efectivamente la pandemia es un tema y la gente sigue con miedo, pero en la medida en que los contagios empiezan a caer y la gente quiere retomar su vida normal, es razonable que los procesos de politización que estaban en curso se reactiven«, dice.

Para la socióloga, la protesta ya se había venido insinuando. «Durante la pandemia las hubo por el hambre. Yo recuerdo un cartel que decía ‘le tenemos más miedo al hambre que al virus’. Hay un momento en que el virus empieza a ser una amenaza difusa y son otros elementos los que empiezan a cobrar mayor relevancia en la vida cotidiana. La pandemia fue muy radical en términos de las cosas que nos pasaron a todos —el desempleo, el hambre, la salud mental— y dejamos de hablar del proceso político que Chile estaba viviendo, pero al mismo tiempo volvió a visibilizar problemáticas sociales que se habían planteado durante el estallido, como la desigualdad. Puso en pausa el proceso, pero a la vez revivió esas heridas o malestares«, comenta.

Motivaciones vs. hechos de violencia

Macarena Vial, licenciada en Derecho de la UC, pasó la cuarentena a pocas cuadras de Plaza Italia, hasta donde iba a protestar con frecuencia antes de la pandemia. Durante el confinamiento solamente extrañó un tipo de protesta: las marchas organizadas. «Las manifestaciones espontáneas no podría decir que las extrañé, porque siempre han sido algo que viene del dolor. No fue como que alguna vez pensara ‘qué ganas de estar manifestándome’, porque eso significaría que estaría teniendo algún duelo por mi país», cuenta.

A pesar de que no las extrañó, sí considera que las necesitó, sobre todo ante episodios que consideró injustos y le generaron dolor —como el asesinato de Ámbar y la formalización de Martín Pradenas, entre otros—. «No supe cómo vivir mi duelo si no era en la calle compartiéndolo con quienes también lo sentían, y tener que pasar esos momentos sola, caceroleando desde un balcón, se sintió como un abandono, una desesperanza y una soledad terribles», dice. Este 25 de octubre, cuando vaya a votar, será el día «más importante de su vida», asegura.

Es un fenómeno común, explica Orchard. «La protesta social es un espacio de encuentro, eso es real. En sociedades muy individualizadas, con vínculos comunitarios debilitados, la protesta genera una recomposición de vínculos comunitarios, una sensación grata, de pertenencia, de reconstitución de las solidaridades», cuenta.

Lo que dice podría explicar también el recrudecimiento de algunos hechos de violencia. «Muchos jóvenes ex Sename encontraron en la protesta un lugar, generaron una identidad y se sentían reconocidos. Hubo un momento en que hubo una épica en torno a la primera línea», recuerda. «Me acuerdo que una conversación frecuente en los círculos académicos era qué va a pasar con ellos después, porque iba a venir el momento en que la protesta amainara y ellos no iban a recibir soluciones directas a sus problemáticas. Sabíamos que iban a quedar en la nada».

«Participaron de un proceso histórico, pero que no necesariamente van a ver resultados para ellos ni un proyecto de continuidad. Creo que efectivamente hay muchas personas que están buscando simplemente conectar de nuevo con esa dimensión emocional de la protesta«, agrega. En el colectiva, teoriza, encontraron por primera vez un espacio del cual se sienten parte, y el tiempo de aislamiento —y sus consecuencias económicas y sociales— pudo haber agravado esa sensación de desamparo.

El alcalde Alessandri tiene una visión distinta. «Lo que hemos visto, y a través de las imágenes se pueden ver, son grupos anárquicos pero muy organizados. Aquí nadie puede pensar que es gente que llega porque sí a reunirse: llegan iguales, llegan en unas camionetas sin patente, mucho consumo de drogas, mucho consumo de alcohol. Yo creo que hay un movimiento orquestado, no sé por quién», dijo en EmolTV. También señaló que sospecha que «alguien los maneja» y que se trata de gente que «no va a votar Apruebo ni Rechazo, ni siquiera van a ir a votar».

Una pandemia y un Plebiscito

Lo que ocurra en los dos fines de semana venideros será fundamental. Este domingo se cumplirá un año del estallido social, una fecha que se presume convulsionada y para la cual incluso el Ministerio de Salud aseguró estar preparándose con un reforzamiento de las Urgencias y recordando los protocolos de accesibilidad y transparencia en materia de Derechos Humanos. «Nadie está en contra de las manifestaciones pacíficas, todos tenemos derecho a expresar nuestras ideas, sentimientos, nuestros ideales, solo les pido que mantengan las medidas sanitarias y que sean pacíficas», dijo el ministro Enrique Paris.

La pandemia ha sido un factor relevante para quienes asisten a la plaza. «A mí parecer está bien llamar a la cautela, es algo cuya necesidad obviamente comprendo, pero he visto que muchos lo hacen con una falta absoluta de respeto por la rabia y el dolor que llevan a esos manifestantes a la plaza», dice Vial. Patricia, en tanto, estuvo de acuerdo con el apego a las normas sanitarias durante la cuarentena. «Entendía que lo mejor era quedarse en la casa y aplazar un poco las motivaciones ‘personales’ de querer protestar, pero ahora que la ciudad parece inyectada de gente y de comercios que vuelven a abrir, decidí participar», dice.

Con respecto al próximo domingo, la preocupación que surge es el Plebiscito. Dentro de la oposición, las manifestaciones generan posiciones encontradas a pocos días de este hito. «Estas personas no están por una nueva Constitución ni por un nuevo país, ni por un nuevo modelo de desarrollo, lo que buscan es la destrucción del sistema», dijo el presidente de la DC, Fuad Chahín. La líder de RD, Catalina Pérez, aseguró por su parte que «el pueblo sabe lo que se juega en el Plebiscito y no desaprovechará esta oportunidad histórica».

Según Orchard, no se debe suponer que todos los manifestantes tengan una misma postura al respecto. «Puede ser que haya personas para las que no sea relevante, que no crean en esa alternativa, pero también debe haber una necesidad de reactivar un mensaje ahora que nos estamos acercando a él», cierra.

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