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COES en la Prensa

marzo 3, 2017

La comunidad es esencial en la recuperación en PULSO

(Publicado en Pulso)

Dejar de lado la necesidad individual para actuar en pos del bien común es lo que los expertos denominan “resiliencia social”, para lo cual se necesitan fuertes lazos vecinales y sociales.

Ante los desastres naturales, además de lo que puedan hacer las autoridades u organizaciones de emergencia y reconstrucción, la denominada “resiliencia social” o comunitaria se plantea como estrategia que ayuda a reducir el impacto de estos eventos en la vida de las personas.

La Conferencia Mundial sobre la Reducción de los Desastres de Hyogo (2005) ya daba cuenta de la importancia de desarrollar una capacidad comunitaria para hacer frente a desastres, disminuyendo riesgos y haciendo más sencillo el proceso de recuperación. Las especialistas en desarrollo territorial australianas, Brigit Maguire y Sophie Cartwright, definen la resiliencia comunitaria como la “capacidad del sistema social y de las instituciones para hacer frente a las adversidades y para reorganizarse posteriormente de modo que mejoren sus funciones, su estructura y su identidad”. Esta cualidad identifica la manera en que los grupos responden a las adversidades como inundaciones, sequías, atentados, represión política, y al tiempo, cómo se desarrollan y fortalecen los recursos con los que ya cuenta la comunidad.

De acuerdo a lo planteado por las autoras, comprende tanto los recursos tangibles (materiales, humanos o procedimentales) que protegen a los individuos y compensan las debilidades, como a los intangibles, que permiten sobreponerse a las dificultades para lograr una adaptación exitosa. “En Chile la resiliencia social existe desde tiempos inmemorables. Cuando se hace un seguimiento histórico de las catástrofes, después ves como la comunidad se ha repuesto. Y, en su gran mayoría, ha sido el trabajo colectivo el que ha impulsado la recuperación”, cuenta Cristián Parker, doctor en sociología e investigador del Instituto de Estudios Avanzados (IDEA) de la Universidad de Santiago.

Él académico enfatiza además que los grupos sobreviven en la medida en que tienen esta capacidad. “Se trata de actuar de manera conjunta. Esta conducta se basa en el capital social. Es ser capaz de dejar de lado nuestra individualidad y actuar de manera comunitaria en pos de un bien mayor. La resiliencia social existe en la medida en que exista empatía y solidaridad”, sostiene Parker.

Rol de la autoridad

Con cerca de diez catástrofes naturales sólo durante la última administración de la Presidenta Michelle Bachelet, el papel de las autoridades es esencial para impulsar una buena respuesta ante episodios críticos. “Fomentar liderazgos positivos ayuda a la comunidad para asumir nuevos desafíos”, comenta Parker.

En ese contexto, los gobiernos locales y organizaciones como las juntas de vecinos toman relevancia. Roberto González, psicólogo social de la Pontificia Universidad Católica de Chile e investigador del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES), da cuenta de que para que esto se cumpla, es necesario que los vecinos de un barrio no piensen que las juntas de vecinos son sólo instancias de sociabilización, sino que para desarrollar esta capacidad, y así sepan cuáles son los usos de los recursos disponibles y su distribución. “El Estado a través de distintos organismos como los municipios, que son los más cercanos a la comunidad, cuenta con distintos programas que buscan estimular el trabajo colaborativo y de integración de las personas. Ahí, se espera que los alcaldes y los programas específicos jueguen un rol importante”, señala González.

El psicólogo comenta también que a través de aspectos propios de la agenda de los municipios, como el cuidado de las áreas verdes, la creación de espacios de encuentro para niños y tercera edad, se logra tener comunidades más solidas. Agrega que este tipo de espacios disminuye la tensión social y ayuda a crear la identidad de comunidad y que a medida que los grupos son más vulnerables, estas instancias toman mayor relevancia para aumentar la sensación de seguridad y protección. El académico argumenta que “los alcaldes más exitosos son aquellos que logran sintonizar con estas necesidades de la comunidad e impulsan la cohesión social”, apunta González. Cuando hay una comunidad más empoderada, hay un camino y destino común. No sólo se trata de catástrofes o episodios de estrés, sino que también considera a situaciones de vulnerabilidad- señala el académico-, se trata de todo espacio que incentive el crear espacios de encuentro social, cultural o artístico. Al hacer cosas en conjunto tienden a descubrir que hay una mayor capacidad de cambio y que se trata de más que la suma de las partes. “Cuando se pierden esos espacios de encuentros, poco a poco se genera más individualismo y segregación”, dice González.

Pero a nivel internacional también se ha destacado que el Estado es importante a la hora de establecer mecanismos sistematizados que den respuesta a situaciones complejas o conflictivas. De hecho, desarrollar o impulsar la resiliencia social es determinante a la hora de disminuir los riesgos, según estableció la Comisión Europea. Del mismo modo, González señala que a nivel psicosocial, el ser capaz de ayudar al otro, el arraigo, la solidaridad y la resiliencia social ayudan a que las personas conozcan nuevos aspectos de sí. “En caso como estos, se sale de esfera individual y entra en un modo social. Se tiene la oportunidad de conocer, valorar y ser valorado por la comunidad”.

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